La belleza también se bebe

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Ni el último modelo de smartphone ni la manicura impecable. El complemento más valioso del momento es un vaso de licuado verde que acompaña un estilismo deportivo.

¿La razón? Una conciencia cada vez mayor de la importancia de introducir estos elementos en la dieta, como recomienda la Organización Mundial de la Salud, y un verdadero culto por lo detox. Algunos de estos preparados también forman parte de programas que sustituyen la alimentación diaria en ciclos de uno, tres y hasta siete días con el objetivo de depurar el organismo.

La doctora Irene Bretón, del área de Nutrición de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición) y miembro de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, explica que se trata de “preparados saludables porque, al ser elaborados en crudo, mantienen mejor las vitaminas”. No obstante, carecen de proteínas; así que “lo ideal es incorporarlos para complementar una alimentación variada, no para sustituirla”.

Traducido a la vida cotidiana: si un día no se puede ir al mercado para obtener productos frescos de temporada, uno de estos batidos que mezclan fruta, verdura, semillas y plantas oleaginosas sustituye un primer plato o proporciona en un tentempié las vitaminas necesarias. Como parte de los programas detox, liberan al organismo del esfuerzo de procesar los alimentos, de manera que la energía se concentra en llegar al cerebro, hígado y piel. Una cura de una jornada (no más) sería una buena idea para depurar y deshincharse sin dejar de introducir las vitaminas necesarias en el cuerpo.

“Resultan saludables porque, al ser batidos en crudo, mantienen mejor las vitaminas”

Recetas líquidas

Smoothies. La solución antioxidante. 66 recetas caseras es una verdadera enciclopedia de los zumos (licuados), smoothies (batidos con agua), shots (concentrados de nutrientes) y lácteos más saludables. Habla de los utensilios necesarios para convertirse en una experta en zumos naturales y de los beneficios de todos los ingredientes que se pueden utilizar, entre los que destacan las superverduras, como las foliáceas, que contienen celulosa, un componente que al organismo le cuesta descomponer pero que licuado favorece la absorción de sus nutrientes. Estas son dos recetas ejemplo.

Purificador Rico en calcio y en potasio, es uno de los más completos que existen.

Ingredientes 1 rama de apio,

1 ramillete de perejil, 1 puñado de col rizada, ¼ cabecita de brócoli,

1 ramillete de hojas de diente de león, ¼ de melón, 1 kiwi. Pasar todos los ingredientes por la licuadora.

Detoxificante Purifica el hígado

y tiene un alto contenido en vitaminas C y K.

Ingredientes ¼ de col verde,

1 manzana roja, 2 ramas de apio,

¼ de melón Galia. Pasar todos los ingredientes por la licuadora.

Olivia Palermo, Miranda Kerr y Jessica Alba son algunas de las adeptas a los smoothies (batidos en inglés). Son tan fieles que hasta suben a Instagram fotos con sus nuevos accesorios favoritos.

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Cuando Samantha Fox visitaba a las tropas

Samantha Fox posaba encima de un reluciente blindado blanco, con su sonrisa «profidén» intacta mientras las colinas cercanas eran machacadas por fuego de artillería. Los combates entre los croatas que controlan Vitez y sus enemigos musulmanes no borraron la sonrisa de su rostro cuando llegó a la base de los «cascos azules» británicos.

«Aquí se está bastante bien», dijo. «Mi mamá me puso muy nerviosa, me dijo que habría minas». Samantha Fox vino para una visita de dos días con el fin de levantar el ánimo a las tropas o para relanzar su titubeante carrera de cantante y modelo, según cómo se mire.

Se dio un rápido paseíllo para conocer la base, pasó por las cocinas, la lavandería y el centro médico, echó un vistazo también a la sala de operaciones, donde le dieron una larga charla oficial. Después diría: «He visto que las provisiones llegan a la gente. Desde el helicóptero he visto cómo estallaban algunas casas. Este país está lleno de pueblos: cada pueblo lucha contra el de al lado». ¿Y la visita a las tropas? «Los tíos parecen estar encantados».

Acompañada por un guardaespaldas, miraba a los soldados que tomaban el sol en los edificios prefabricados. Samantha, como si fuera uno de ellos, ni se inmutaba por las ocasionales ráfagas de los francotiradores, procedentes de una colina controlada por los musulmanes. Los soldados ya están acostumbrados: esa mañana, dos rondas de mortero habían alcanzado la base, pero a nadie parecía preocuparle demasiado. Las tropas británicas y sus vehículos son objeto de disparos al menos una vez al día, pero lo consideran trabajo de espontáneos, no ataques premeditados.

La base en sí sigue teniendo una vida apacible, a pesar de que los pueblos de sus alrededores son a menudo presa de las llamas. La reacción de los soldados a la visita de la Fox ha sido variada. Clive Shuttleworth, cocinero, se sentía decepcionado: «Se ha dedicado a desfilar por aquí y por allá. Sólo ha venido por el dinero».

Los soldados del Primer Pelotón de la Compañía A afirmaron que hubiesen preferido la visita de Linda Lusardi, una modelo lo suficientemente mayor como para poder ser la madre de muchos de ellos, pero que -según toda la tropa- posee mayores encantos que Samantha. El soldado Neil Sanderson dijo que la Fox infunde moral porque es alguien a quien todos conocen.

«Todo el mundo la ve en los periódicos, por eso fue agradable conocerla en persona», explicó. A última hora del día, en la parte de atrás del garaje de la base, los «cascos azules» veían una película de vídeo en la que Sarajevo ardía al ritmo de la canción «Nunca vamos a sobrevivir salvo que nos volvamos un poco locos». Los disparos y explosiones del televisor tenían su eco en los disparos y explosiones de los alrededores. La señorita Fox permanecía imperturbable. Tenía previsto pasarse por el gimnasio.

Su única preocupación, conseguir un espacio en la televisión. Saliendo a gatas de un blindado, preguntó: «¿Dónde está el coche? Tengo que retocar mi maquillaje si voy a salir en la tele».

Letizia Ortiz marcando huesos

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Se ha discutido profusamente si el Príncipe debía contraer nupcias siguiendo los dictados del corazón o, si por el contrario, debía ser fiel a la tradición y conservar sine mácula el Rh que le procura la historia. La segunda vía, por sacrificada, se presentaba llena de sombras e incertidumbres que podían poner en peligro la felicidad del futuro rey. ¿Pero es consustancial la felicidad a la condición de monarca? La respuesta es no.

De un rey lo único que se debe esperar es que se convierta en auténtico garante de las libertades de una nación y que la represente de una forma justa y digna. Poco debe importar que sea feliz, y nada, absolutamente nada, que por imperativos de la sangre, le pueda tocar en suerte una mujer atroz. Es este oficio donde prima lo simbólico sobre lo real, es imprescindible conservar al símbolo, y no pretender acariciar el secular deseo de la suegra borracha y la bota llena, puesto de moda por los vástagos de las monarquías europeas. Dicho en otras palabras: si busca amor, que renuncie a sus prebendas.

Sea como fuere, ha salido el corazón triunfante. La afortunada: una periodista asturiana de clase media. Su belleza, promesa de felicidad, dicen que va a devolver la sonrisa al Príncipe.Y el país entero, -animado quizás por las temperaturas clementes de los últimos días- se ha echado a la calle para celebrarlo.¿Es acaso el amor que le profesa a Letizia, garantía de que el futuro monarca lleve la nave a buen puerto?

Pero hay algo en esta historia que resulta excesivamente molesto para el pueblo llano. Se ha descrito a Letizia Ortiz Rocasolano como el no va más de la condición humana. Su serena, resuelta y desinhibida -excesivamente desinhibida, por cierto- actuación en la pedida de mano ha maravillado al país, aunque para ella no fuera más que otro telediario, con la diferencia de que en esta ocasión se narraba a sí misma.

Entre sus credenciales, anunciadas a bombo y platillo, figuran las de ser una incesante trabajadora, estar firmemente comprometida con su labor diaria y ser una profesional como la copa de un pino. Pero por el amor de Dios, ¿cuántas personas con estas mismas características pueblan la geografía española en el más oscuro anonimato? Que tengo yo trato con humildes labriegos. Sacrificados y probos operarios que trabajan de sol a sol y sol tras sol.Y sin embargo, nunca salieron en la tele, y nunca ningún organismo les reconoció su esfuerzo. Por tanto, seamos prudentes en las críticas, pero seamos también mesurados en las alabanzas. Letizia Ortiz todavía tiene todo por aprender.

Isabel Preysler no sabe ser rica

El «Hola» trae esta semana un gran reportaje sobre la nueva y ya famosa casa de los Preysler, habitación por habitación.

A mí lo que más me ha gustado es la caseta del perro. Amo a los animales, soy ecologista, soy verde, soy de la desaparecida Petra Kelly y agradezco a don Miguel Boyer que nos enseñe a los españoles a tener un perro como hay que tenerlo. Ahora comprendo que la brillante carrera política y financiera de este señor ‘tenía un noble fin: dignificar al perro. Y digo al perro porque doña Isabel Preysler estaba ya muy dignificada por sus sucesivos maridos, anuncios, exclusivas, porcelanosas y cosas.

En cuanto a los hijos, han ido siendo dignificados por sus padres plurales con generosas pensiones para vigilancia y guardias privados (pensiones que, según los biógrafos de doña Isabel, ésta invertía en comprarse colorete, mucho colorete).

El propio señor Preysler está ya en la Historia de España y en la Prensa del Corazón, para siempre, de modo que lo que quedaba por dignificar y redimir de esta familia era el perro. Por los perros conoce uno a su dueño y este perro es de buena raza.

He aquí la familia modelo de España, la familia ideal, la familia de diseño con que sueñan todas las manijas, maripuris y horteras del Presupuesto o de la iniciativa privada. Y una caseta de perro en la que viviría muy feliz una familia chabolista de Entrevías. O sea lo que se merece un perro fiel.

La Ecología es la ideología que nos autoriza a tratar a un perro mejor que a un parado, porque un perro guardián no está parado.

Claro que también podían haber puesto un parado en la caseta, de perro guardián, y así teníamos un parado menos y Boyer le echaba una mano en este problema a su viejo amigo Felipe. Lo que tienen que hacer los parados es aprender a ladrar y no andar por ahí de camastrones, cobrando el subsidio. Ahora se comprende, asimismo, que Boyer nacionalizó a Ruiz Mateos porque lo que quería era vivir como Ruiz Mateos o mejor.

Tuvo la honestidad de comerse el carnet del PSOE con grapa y todo y meterse en la empresa privada, que es donde se cultiva «la cultura del pelotazo», como dice mi admirado señorito Juan Luis Cebrián. Su obligación era tener a su dama como una reina, y para eso no da el sueldo de un ministrillo.

De modo que entró de botones con las Koplowitz. La casa a mí me parece de plastiqué, una tienda de muebles, una casa no vivida, el decorado de una comedia que no se va a representar nunca (la comedia la representan fuera, en la calle, en la vida).

En el mismo número del «Hola» viene la casa de Mia Farrow, que es un poema a la cotidianidad, un grato y lírico desorden de jardines, niños, ajedrez, gente sentada por el suelo, cuadros interesantes, y de todo ello emana como un perfume íntimo y literario, con la elocuencia de las cosas vividas y el aura del uso hermoseando cada objeto. Al lado de esto, en páginas paredañas, lo de los Preysler es el panteón de un hombre ilustre. Como que ella es una extranjera que no se ha aclimatado y que realiza el modelo Ymelda Marcos, la que fue su jefa, y él es un economista pequeñoburgués escapado de un matrimonio de tedio y grisalla.

No saben ser ricos. Pero son hoy la pareja emblemática de ese ideal hortera que ha creado el socialfelipismo, y Boyer ha realizado a tope el sueño de miles de sociatas con cargo, que confunden el triunfo político con el alterne.

Uno de los hombres más significativos de la década, Boyer, marca bien la cultura parvenu y consumista que ha creado el PSOE y difundido la televisión. Esta casa es lo que resta tras la pasada por el socialismo. Todo es bonito en las fotos, ya digo, pero a mí me flipa la caseta del perro, con cortinillas como un cabaret o una peluquería.

Cuando se muera el perro, siempre pueden poner ahí un parado de raza que no desmerezca. Los libros aparecen tan intocados e ilectos, en la mansión, como los de la Pantoja. Yo, cuando Corcuera me eche del periodismo, quiero ser el perro de los Boyer.

Los fracasados son los que no tienen inteligencia ni voluntad de llegar a más


El periodismo se cura viajando y es mi primera vez en Nou Barris. El mitin está convocado a mediodía pero llego no más tarde de las 10.00 y le digo al taxi que me deje en el paseo Valldaura. Les han puesto las mismas jardineras que en Mitre, delante de mi casa. En el mercado de la Guineueta, frenético de gente y gasto, los bogavantes se mueven como los de Sarrià y los entrecots lucen sexis y reposados. Paseo por calles y callejas y todo está limpio y ordenado. La vida transcurre alegre y amable. No es un lugar infeliz, ni sin inversión, ni sin infraestructuras. No es Pedralbes pero si éste resulta ser el barrio más humilde de la ciudad, la historia de Barcelona puede considerarse un éxito formidable. En ninguna otra ciudad del mundo el supuesto barrio pobre está tan limpio y equipado.


La plaza Mayor es pequeña y enseguida parece que se ha llenado. Cuando Pablo y Ada llegan, con media hora de retraso, son recibidos con el mismo fervor con que mi tía Lola se arrodilló cuando fue a ver al Papa.

Podemos y sus múltiples marcas son un equipo de fútbol o una banda de rock. Sus hinchas y fans responden al estímulo como ante sus ídolos las masas, y por primera vez se sienten los protagonistas de algo. Ni es razonable su indignación, ni hay en sus planteamientos ninguna lógica, pero se palpa la emoción en el ambiente y cómo el puro odio de las arengas de sus líderes conecta eficazmente con esta frustración general, que es más una moda que el balance ecuánime entre lo mucho que has conseguido tener en comparación con el poco rédito que da tu trabajo.

Podemos es el Atlantic City de las clases bajas, un jacuzzi mental para que los fracasados puedan sentirse víctimas en lugar de culpables. Ada y Pablo no son la solución a ningún problema, pero funcionan como evasión para los que no tienen inteligencia ni voluntad para llegar a más. Su discurso se basa en dos ideas igual de falsas. La primera, que eres pobre porque ellos te robaron. La segunda, que nosotros te devolveremos lo que era tuyo. El mensaje cuaja hasta el punto de que cada asistente vive el momento como si pasara hambre, cuando hace media hora estaba comprando pescado fresco en el mercado; se sulfura como si le hubieran desahuciado cuando vive perfectamente cómodo en su casa, y encarna la épica del desesperado como si viviera entre chabolas y jeringuillas y no en este apacible barrio con muchas más prestaciones y servicios sociales de los que los vecinos podrían pagar con el fruto de su trabajo.

No se les escucha ni a Pablo ni a Ada una sola propuesta para concretar su deseo de mundo mejor, ninguna idea positiva ni mucho menos propositiva. Sólo tremendismo, apocalipsis y fin del mundo. En sus incendiarias proclamas, el principal ingrediente es el insulto. Por ello el candidato más nombrado no es ninguno de los suyos, sino Esperanza Aguirre.

Me marcho cuando algunos de los asistentes me identifican y empiezan a increparme, y sigo en directo por internet la última parte de la intervención de Ada. Cuando la turba se exalta, la democracia es encontrar un taxi.

Groupalia y sus planes gourmet triunfan

No es solo su dulce aroma, sus estrambóticos colores o la cantidad de sabores existentes lo que nos genera una enorme sensación de bienestar al comer un helado. De acuerdo con un estudio realizado por los neurocientíficos del Instituto de Psiquiatría de Londres, el degustar un helado provoca un efecto inmediato en las partes del cerebro que se activan cuando la gente siente placer.

En Madrid, la heladería Mistura ha apostado por la sencillez, elaborando productos artesanales y naturales. Sus productos lácteos provienen de una pequeña granja en las afueras de la ciudad y para sus sabores utilizan frutas de la temporada, sin ingredientes artificiales o conservantes.

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Otra heladería que apuesta por los productos de temporada y recetas de alta calidad es Rocambolesc, creada por la repostera mexicana Alejandra Rivas y el chef catalán Jordi Roca. Sus seis sabores de helados, 100% artesanales, pueden ir acompañados por diversos toppings (ingredientes para acompañar el helado) como fruta deshidratada o trozos de galleta.

Entre todas las innovaciones y nuevas tendencias que ha tenido la industria de la heladería en los últimos años, sin duda una de las más importantes ha sido la inaudita expansión del yogur helado.

En España, la primer tienda de yogur helado abrió sus puertas hace apenas 6 años, sin embargo el éxito fue tal que en poco tiempo el mercado se llenó de competidores. Llao Llao, Oh My Good y Cherry Pop son algunas de las heladerías más populares de este estilo.

Esta alternativa al helado tradicional debe una parte de su victoria en el mercado a la apuesta saludable. Con su bajo aporte calórico, su escaso contenido de materia grasa y su beneficioso aporte de calcio y probióticos que ayudan al sistema digestivo, el yogur helado se ha posicionado como un favorito de los que buscan una dieta más sana.

Las nuevas tendencias no han llegado solamente en los sabores. Los expertos en helado gourmet o helado de diseño han aportado también nuevas formas de disfrutar de este alimento y lo ofrecen en sitios como los código promocional Groupalia, para que el cliente aproveche las mejores ofertas culinarias.

Otra clave del éxito de estas nuevas empresas es la posibilidad que tienen las personas de participar en el proceso de creación. La selección de toppings y salsas hace sentir el cliente que está elaborando un producto especialmente diseñado por él.

Ya sea tradicional, de yogur, artesanal o gourmet, el helado es uno de los alimentos más populares en la sociedad. Aunado al placer que produce la mezcla de la textura y la temperatura, este alimento es consumido generalmente en ocasiones sociales que nos provocan una sensación de bienestar. Es por esto que tanto los factores sensoriales como psicológicos nos hacen asociar el comer un helado con un estado anímico de felicidad.

El consumo de helado en España es de 6,5 litros por persona y el sabor favorito es el de vainilla

En menos de seis años la expansión del yoghurt helado ha acaparado el mercado.
Los ingredientes que generalmente se utilizan en su elaboración como la leche, el azúcar y el chocolate ayudan en la reducción del estrés ante un acontecimiento psicológico o físico, como el dolor, por lo que incluso se llega a recomendar su uso como tratamiento de algunas afecciones.

De acuerdo con la Asociación Internacional de Productos Lácteos, el país en el que más se consume helado es Nueva Zelanda, donde cada habitante llega a tomar 26,3 litros al año. En España nos quedamos un poco lejos, al consumir tan solo 6,5 litros por persona. Otro dato curioso es que, a pesar de la diversidad de sabores a la venta, el más popular a nivel mundial es el de vainilla, seguido por el de menta con chocolate y el de galleta.

El helado está inmerso en la cultura española desde el siglo XIX, cuando se empezó a consumir en las cafeterías de Madrid, Barcelona y Valencia. Aquellos que no podían permitirse el lujo de ir al café, se fabricaban sus propios helados con agua congelada, mezclada con zumo de frutas.

Actualmente, la industria heladera se encuentra en una constante innovación para satisfacer los gustos de todos sus consumidores. Esta necesidad de renovación ha llevado a los productores a incluir en su repertorio sabores que difícilmente asociamos con este postre.

La gastronomía española es reconocida internacionalmente por sus recetas tradicionales, sin embargo, resulta curioso imaginar un helado de jamón ibérico, de tortilla de patatas o de empanada gallega. Estas son algunas de las propuestas más originales para atraer a los clientes de hoy en día. La lista incluye también el helado de cerveza, de pescado y de fabada.

Vuelve el estilo de los años 20


La culpa será de la crisis, pero en cuestiones de moda, o simplemente de vestuario, pudiera dar la impresión de que estamos otra vez en la época de la tricotosa. No es que se esté regresando al tiempo de la confección artesanal, es que el atuendo de muchas personas está deslizándose hacia el espíritu práctico, convencional y sencillo de hace veinte, treinta o cuarenta años, si no más.


La ropa de siempre. Entre tanto cartel chillón, tanta letra de tamaño superlativo que proclama ofertas; entre tanto escaparate sofisticado y tanto eufemismo del lujo, se siguen encontrando tiendas y establecimientos humildes, corrientes, que se atienen desde hace años a lo que una gran parte de la población demanda: comodidad y buen precio.

En estos locales, en la mayoría, no existe el «marketing» y los dependientes, además de que tienen la virtud de saber muy bien lo que llevan entre manos, no suelen ser muchachas de minifalda estrecha, carmín explosivo, colorete generoso y blusa de colores.

No se trata sólo de tiendas lúgubres, de piezas de retales carcomidas por la polilla o de estantes de madera, que también. Tampoco se habla aquí de esos museos de la tela en los que se puede encontrar un ceñido pantalón de torero, un antediluviano smoking que podría haber servido para una película de serie B sobre Drácula o un engolado par de puñetas.

Había que encontrar esos establecimientos modestos, sin ostentación, en cuyas estanterías reposan prendas que siguen navegando impertérritas por encima de todas las tendencias e influjos. Esto no quita para que en cualquiera de estos lugares, que habitualmente funcionan para bolsillos módicos, no puedan verse auténticos artículos de lujo o esa sorpresa imaginativa y punzante con la que adornar nuestro palmito.

Pocos nombres aparecerán en este artículo. Dejemos al albur o a la curiosidad del lector la búsqueda de estos rincones, de estos espacios que, aun perteneciendo a Madrid en este caso, tienen características comunes en todas partes de España.

Para empezar, quien no tenga ni idea del complicado y entramadísimo universo de la moda y la confección, se encontrará de sopetón, de golpe y porrazo, con palabras y conceptos que no habrá escuchado en su vida. La sarga, por ejemplo, bien podría ser una enfermedad tropical, pero he aquí que es un tejido que se obtiene de la lana de la oveja merina, y que pudiendo ser de otro material, como la lana o el lino además se traba diagonalmente.

¿Y el bichi? ¿Qué se sabe del bichi, tejido que ni siquiera aparece registrado en las enciclopedias? Y con la batista, una tela muy tupida de lino o algodón que se usa para lencería, tres cuartas partes de lo mismo. Y así se podría seguir, con el grogré, el piqué o los abrigos de peluche. ¡Abrigos de peluche!

En otras ocasiones, las más frecuente es toparse de bruces es con materiales que se creían desparecidos en las noches de los tiempos. Pero no. Se venden. Nunca han dejado de venderse. Están tan de actualidad como el primer día. Un ejemplo: terlenka. Otro: el tergal. La fibra, lo artificial, el poliéster, es lo que más se solicita «porque a las mujeres de hoy lo que menos les gusta es planchar».

En muchas de estas tiendas lo que prima es la sencillez, el desparpajo y el si no se lo lleva usted hoy, mañana se lo llevará otro, que yo no tengo prisa y, mire, ya llevo aquí cuarenta años. Cuando un establecimiento exclama sin pudor que tiene un gran surtido de fajas de lana, no es que esté anunciándolo; es que está haciendo una declaración de pricipios, y más si justo al lado exhibe relucientes banderas vaticanas, listas para enarbolar por los entusiastas de las visitas papales.

Son de estos sitios en los que, a poco que el comprador se descuide, ya le están echando la cinta métrica alrededor del cuello mientras inquieren por su lugar de procedencia, el trabajo que realiza y la salud de la familia. Vamos, que tienen su encanto, pero en ellos es posible entrar a preguntar por una camisa y acabar llevándose el vestuario que se exige en el concierto de Año Nuevo.

En realidad, la ropa no ha cambiado tanto en los últimos años. Se han acotado los cuellos de las camisas, se ha eliminado la abertura de las americanas -aunque ya hay quien la solicita expresamente en las sastrerías-, y poco más. Hombre, ya han desaparecido, casi, las ligas para los calcetines; los puños se han divorciado de los gemelos, las faldas plisadas ya no se llevan tanto y los calzoncillos largos, por no hablar de los calzoncillos de punto inglés, los de felpa o los de tela de cruzadillo, ya sólo los usan los montañeros, mientras que las camisetas de punto, los pasadores de cuellos y los tirantes de botón viven sus horas más amargas.

Siguen vendiéndose, por otra parte, las guayaberas, también conocidas como cubanas o saharianas, las camisas de popelín o los cuellos de pajarita, por no mencionar las boinas, los «nikys» o los blusones.

En contra de lo que sucedía hasta hace unos años, no es Cataluña la región que más exporta al resto de España. Salva sea la excepción del tejido para los trajes, que en eso sí que tiene la exclusiva. Sin embargo, si se pregunta hoy de dónde provienen las telas con las que se confeccionan la mayor parte de las prendas se comprobará que Galicia y Madrid, y también Aragón, han tomado el relevo. Producen más barato.

Estos comercios pueden tener nombres tan curiosos y alambicados como «Almacén de los sucesores de viuda de José López». Como es de suponer, la tienda es grande porque si no, no cabría el letrero. En general, estas tiendas se distinguen porque su marca comercial cita sin tapujos el carpetovetónico apellido del dueño. Cano, por ejemplo.

Al pan, pan y al vino, vino. Otras, en cambio, se deciden por el patronímico de, en general, la dueña. Mari Angeles, sin ir más lejos. La simplicidad del neón, por supuesto, es directamente proporcional a lo que se expone, pero hay ocasiones en las que, rebuscando, rebuscando, se encuentra algo similar a lo que llevaba Chábeli en aquella portada de una difundida revista femenina. Cuando se entra en una de estas tiendas, a veces tan vacías, da la impresión de que están a punto de invitarte a jugar al parchís.

No se ha dicho nada aquí todavía de los complementos o los zapatos. De los primeros, la verdad, es que no hay mucho que decir. Cinturones y demás se encuentran en estos lugares como las antiguas botellas de Cynar en los colmados. Pero con los zapatos es otra cosa. En un lugar como el barrio de Salamanca podría calzarse, sin grave perjuicio para su hacienda, un bosquimano. ¡Qué precios! Eso sí, desde el tacón a la puntera, desde la suela hasta el empeine, todo parece hecho de una pieza, sin fisuras ni cosidos.

En estas zapaterías, como en las antiguas tiendas que se dedican a vender guantes, la ceremoniosidad suele ser una pieza fundamental. Miman al cliente. Nada de darle un calzador y allá se las componga. No. Nada de eso. A pesar del escaso beneficio que pueda obtener, el mismo dueño suele atender, con una solicitud rayana en la presentación de cartas credenciales, los más nimios caprichos, los cambios de opinión más inverosímiles. En el triste y azaroso caso de mostrar un «tomate» en el calcetín, puede tenerse la seguridad de que nadie hará el mínimo comentario.

En contra de lo que sucede con las prendas de vestir, es común que a estas zapaterías acuda gente joven. Incluso miembros de tribus urbanas en busca de la bota sólida y agresiva, cuasi militar, que más tarde adornarán con una chapa metálica en la puntera. Aquí sí coinciden las estéticas más dispares y las visiones de la vida más encontradas. Acostumbrados, los dependientes ya ni se alteran y los tratan como si fueran provectas ancianitas enlutadas.

Bueno, bonito y barato. Y con sabor. Ese es el lema. Los diplomas de la Cámara de Comercio ilustran las paredes de algunos de estos locales: Establecimiento típico, rezan, pero nadie se aprovecha. Y aún menos cuando la clientela aumenta a causa de los cuartos, que escasean.

Mirada franca, conversación amigable, miradas de parroquianos y parroquianas que escrutan el dónde, el cómo y el porqué de cada visitante desconocido; de cada invitado, podría decirse. Sólo hay que fijarse un poco para encontrarlas. Para gastar una indumentaria, quizás no muy «in», pero efectiva y duradera. Para muchos han pasado los tiempos de las apariencias, aunque tampoco hay que fiarse; en uno de estos establecimientos tan «normales» es donde encarga las camisas -azules, clásicas- José María Aznar.

Quizás, a largo plazo, tengan la batalla perdida. El parte de bajas aumenta. Ejemplo. Un proyecto, una ilusión con nombre tan agresivo como «El Tigre», reposa hoy, marchita por los cartones que la cubren, lanzando desde su opaco cristal el aviso de «local recomendado» y el consejo amistoso de que allí alguien arreglaba cinturones y plisaba faldas; fueron los últimos mensajes de atención que ya nadie atenderá.