Niñeras de lujo que cobran por su silencio

La hija mayor de Cari Lapique, Caritina Goyanes (34 años), vive junto a su marido, Antonio Matos, y su hijo Pedro en una zona residencial cercana a Nuevos Ministerios (Madrid), a la que acaban de mudarse. El edificio donde se ubica el piso está rodeado de árboles y casas bajas, una especie de oasis de paz en medio de la locura del centro. El imprevisto paraíso se lo pone fácil a quienes tienen que pasear con un carrito de bebé, ya que las aceras son anchas y no hay millones de peatones compitiendo por cada centímetro cuadrado. Uno de esos privilegiados paseadores de niños es Mercedes (46 años), a saber, la nanny que trabaja para Caritina Goyanes.

Es ella, la niñera, seguida de Tequila, un joven y enérgico sabueso de Baviera, quien abre la puerta de la casa familiar y al instante informa de que Caritina está terminando de vestir a Pedro, su hijo. “Saldrán ahora mismito”, apunta con un marcado acento ecuatoriano. Al parecer, ambos se están acicalando para la sesión de fotos. Algo que, por cierto, ya ha hecho Mercedes, que lleva su traje de faena de un blanco inmaculado y que incluso se ha pintado los labios y los ojos para la ocasión. Ella es la auténtica protagonista de esta historia, ya que cuida a Pedrito desde que nació, hace 18 meses. “Se instaló en casa un mes antes del parto”, explica Caritina cuando por fin coincidimos todos en su salón, donde aún se ven cajas por desembalar. “Así tuvimos tiempo para conocernos y hacernos la una a la otra”, puntualiza.

La verdad es que Mercedes no recuerda en nada a esas otras niñeras, como Anabel Urquijo, la que trabajó para Bisbal y Elena Tablada y saltó a las pantallas televisivas en lo más árido del pasado verano para airear supuestas intimidades de la pareja. Es difícil fantasear con Mercedes prendiendo fuego a los platós de Telecinco, como hizo la Urquijo cuando acusó a la Tablada de haberle sido infiel a Bisbal. O imaginarla tumbada en un sofá y fumando como un carretero mientras Pedrito corretea a su alrededor, como se acusó de hacer a la baby-sitter del cantante. En su momento, la pregunta inevitable respecto a Anabel Urquijo era: ¿quién y cómo la había contratado de niñera?

Resultó que era la pareja del dueño de un restaurante al que Bisbal solía ir a comer y con quien se llevaba estupendamente. Una forma, a la vista de los resultados, un tanto arriesgada de elegir personal. Sin más.

Uno esperaría que los famosos se esforzaran un poco más en la búsqueda de la baby-sitter de sus también célebres hijos. Como Angelina Jolie y Brad Pitt, que hace poco trataban de dar con una a medio camino entre el hada de Cenicienta y Einstein para cuidar a sus seis hijos. En concreto, decían necesitar a una licenciada universitaria que fuese políglota y tuviese disponibilidad para viajar. Por supuesto, el respeto a la privacidad de la familia era un requisito inexcusable. El sueldo a percibir por sus servicios y por su exquisita preparación ascendía a 150.000 dólares (109.000 euros) al año.

Sin llegar a este extremo -ni al contrario, el ilustrado por el caso de Elena Tablada y Bisbal-: ¿cómo buscan niñera los famosos? ¿Se guían por las referencias de los amigos o acuden a agencias especializadas? Porque si a una madre anónima le preocupa dejar en manos de un extraño a su retoño, en el caso de un personaje público la preocupación es doble, por el miedo a las fugas de información relacionadas con historias demasiado íntimas, como aquella en la que se vio envuelta Ana Obregón hace más de 20 años. La niñera de su hijo, Cristina de la Vera, acudió a La Máquina de la Verdad para desvelar sus intimidades con Alessandro Lequio, que incluían el maltrato. La actriz logró que el programa fuese secuestrado por un juez.

Hasta la mismísima Isabel Preysler fue víctima de una de sus niñeras cuando ésta se dedicó a contar que tenía… ¡juanetes! Ante semejante afirmación, una muy ofendida Preysler la llevó ante los tribunales y ganó. Pero no del todo satisfecha con la sentencia, se dedicó a lucir sandalias durante una buena temporada a fin de demostrar que las acusaciones eran falsas.

La hija mayor de Cari Lapique no parece vivir angustiada porque su empleada se vaya de la lengua. Ella dio con Mercedes por la fórmula más vieja del mundo, el boca a oreja: “Su hermana trabajaba en casa de una amiga de mi suegra, nos dijo que Mercedes acababa de llegar a Madrid y que era de total confianza”. Y, hasta el momento, Caritina no tiene queja. “Es muy discreta. En mi casa, como en la de cualquier familia, se pueden oír broncas. No somos excepcionales. Pero ella nunca le ha comentado nada a nadie”. Y reconfirma: “Confío en ella al cien por cien”.

Mercedes tampoco parece ver nada excepcional en su jefa. Que aparezca en los medios es algo normal y con poca relevancia en su día a día. Nunca la ha perseguido un paparazzi mientras llevaba a Pedrito “a la guarde”. “Sé mantenerme en mi sitio”, aclara, por si había quedado alguna duda. Y por mucho que la frase tenga algo de inquietante, cierto que cada una tiene su espacio y tiempo en el cuidado del niño. “Pedrito es agotador”, afirma Caritina. Constatamos que, efectivamente, no se está quieto ni un segundo. Desde que apareció dando saltos por el salón no ha dejado de subirse y bajarse del sillón ni de chinchar a la perra, a la que, en cuanto puede, da tirones de oreja y de rabo. El animal ya ni se inmuta. Un auténtico santo.

Si Pedrito llora, es Caritina quien se levanta por las noches, pero las mañanas son para Mercedes, Memé, como la llama el niño cuando se despierta. Qué sería de Caritina (quien, por cierto, prefiere no desvelar lo que cobra su empleada) sin Mercedes, en esas jornadas que se alargan y alargan mientras ella lleva el timón de Sixsensco, su empresa de catering…

Caritina no suelta prenda y nosotros seguimos con la duda: ¿será cierto que los famosos pagan más para que se respete su privacidad o por contar con una licenciada en Harvard en su casa? Sin llegar al sueldo desorbitado de la superniñera de los Pitt, ¿existiría un equivalente patrio? No es fácil encontrar respuestas. Por mucho que preguntamos, parece que hay un pacto de silencio entre las agencias y su clientela más célebre.

Belén Pascual, directora de The Homemaid, empresa dedicada a buscar personal para el hogar, es una excepción. Aunque, evidentemente, se niega a dar nombres. Entre sus clientes se cuenta un gran número de famosos y gente de posibles, como vecinos de La Finca, una de las urbanizaciones más exclusivas de Madrid. Ella lo tiene claro: “En general, huyo de los famosos. La experiencia me dice que son los que menos dinero ofrecen y los que exigen más. No buscan a una niñera, sino a un asistente personal que se ocupe de todo. Y, además, prefieren a las chicas filipinas porque, por el mismo precio, también hablan inglés”.

Cobre de quien cobre, lo cierto es que una baby-sitter no suele recibir un sueldo espectacular. “Mi cliente más generoso, que tiene tres hijos y uno de ellos con parálisis cerebral, paga 1.600 euros al mes más la seguridad social. La empleada se encarga, además, de las tareas de la casa y está formándose para ayudar a mejorar al niño con parálisis”, especifica la directora de The Homemaid.

Lo que llega a pedir el famoso de turno puede ser escandaloso. Jennifer Lopez exigía a la cuidadora de sus gemelos que trabajara 16 horas al día siete días a la semana para poder cumplir con sus compromisos… Ciertos casos sobrepasan los límites del sentido común (y algunos, los del buen gusto). Belén Pascual recuerda con horror las exigencias de la mujer de un torero: “Quería que la empleada hablara inglés, que le diera cobertura con los niños, que hiciese las maletas si salían de viaje y, encima, se quejaba porque no las subía al tren…”.

¿Vivirá con semejante estrés la niñera de Leonor y Sofía, las hijas del Príncipe Felipe y Letizia? Se sabe que Doña Letizia pidió consejo a Rocío Ramos-Paul, la supernnany de Cuatro, en un acto en el que coincidieron. Trascendió que la princesa de Asturias le preguntó si era bueno no dar a sus hijas chucherías los días de colegio para ofrecérselas los fines de semana o en los cumpleaños. Se dice que Ramos-Paul le aconsejó que se relajase… Aunque para relax, el de Victoria Eugenia de Battenberg que, según cuenta la periodista y escritora Pilar Eyre, lo hizo tanto que “Alfonso XIII le fue infiel con Beatrice Noon, que cuidaba de Alfonsito, el hijo mayor. Con ella, además, tuvo un hija”.

Entre la burguesía madrileña se ha puesto muy de moda contratar los servicios de una salus, como se llama al personal que ofrece, entre otras, la empresa Salus Madrid. Se trata de enfermeras con experiencia en hospitales que acuden a las casas, sobre todo a ayudar durante la noche, cuando la madre acaba de dar a luz. “Entre nuestros clientes tenemos a muchas mujeres de jugadores de fútbol, que saben que una salus les va a garantizar que su hijo tenga el mejor cuidado”, explica Carlos G. Pertusa, responsable de comunicación de la empresa.

No en vano, sus cualidades son “saber velar por la seguridad del niño, ya que son conscientes de los riesgos; tener conocimientos para solucionar los problemas y ayudar a la madre con las pautas de horarios, comidas y baño del bebé”, prosigue Pertusa. Las salus son un lujo (algunas pueden llegar a cobrar hasta 4.000 euros al mes, con jornadas de trabajo que pueden empezar a las 19 h. y finalizar a las 9 de la mañana) tan necesario para según quién que incluso las suegras se las regalan a sus nueras cuando éstas dan a luz. Y, aunque sus servicios están pensados para los primeros meses, algunos padres optan por contratarlas como niñeras durante periodos más largos.

La agencia madrileña En brazos también ofrece personal cualificado. Como explica su directora, Raquel Huéscar, “nuestras niñeras están formadas en Educación Infantil, Enfermería, Psicopedagogía, Psicología o son técnicas o auxiliares en Jardín de Infancia. Otra cosa que tenemos en cuenta es que tengan conocimientos en primeros auxilios o prevención de accidentes”. Sus sueldos por una jornada de ocho horas no suelen superar los 1.000 euros al mes.

Otra agencia que, en ocasiones, atiende a famosos es House&Kids. “Cuando trabajamos con ellos incluimos un anexo al contrato que incluye una cláusula de confidencialidad que el propio cliente redacta”, explica Ariadne Lang, su directora. Las exigencias normalmente no suponen ningún problema, aunque Lang reconoce que, puntualmente, les han obligado a rechazar al cliente: “Las expectativas eran imposibles de cumplir, hay quien pretende que una persona esté disponible 24 horas al día y nosotros luchamos para que nuestra gente tenga unas condiciones laborales adecuadas”. Las externas de House&Kids, con jornadas de ocho horas, tienen un sueldo de 750 euros mensuales más seguridad social y el salario mínimo para una interna, que incluye alojamiento y manutención, es de 800 euros al mes.

Para no meter la pata, Raquel Revuelta, Miss España 1989 y directora de una empresa dedicada a la moda, optó por una agencia que la ayudara a dar con la cuidadora perfecta para sus tres hijos. “La entrevisté y me dejé guiar por la intuición. No me equivoqué, se convirtió en un miembro más de la familia”, asegura. Charo ha estado cinco años con ellos y acaba de volver a su país, Perú. ¿Logrará Bilma, la nueva, estar a la altura de su predecesora? La exmiss no lo pone en duda porque, explica, “siempre me he preocupado mucho a la hora de seleccionar a la persona adecuada, nunca he fallado”.

Charo empezó a cuidar de los hijos de Revuelta cuando tenían 5, 8 y 12 años. No era psicóloga ni experta en enfermería, pero sí tenía una buena formación, un factor fundamental para la presentadora: “Estudiaba Administración de Empresas en su país, estaba bien preparada. Y compartía los valores que yo quería transmitir a mis hijos: que fuesen buenas personas, trabajadoras y honestas. Además, les inculcaba disciplina”.

Si a Charo se la considera un “miembro más” de la familia, otras han llegado a ocupar el lugar de la señora de la casa, como la niñera del hijo mayor de Robin Williams, que sedujo al actor, se casó con él (el matrimonio duró 20 años) y le dio dos hijos. Lo que no sabemos es si para cuidarlos contrató o no a una baby-sitter. Ya se sabe: a veces las carga el diablo…

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Tyrannosaurus Rex el dinosaurio más popular y terrorífico

Imaginemos por un momento que nos ofrecieran viajar en el tiempo. ¿Quién se resistiría a retroceder 65 millones de años para contemplar a dinosaurios de dimensiones gigantescas campando a sus anchas por la superficie terrestre? Pues una experiencia similar es la que ofrece el espectáculo Walking With Dinosaurs. The Live Experience, que esta noche llega al Palacio de los Deportes, donde permanecerá hasta el domingo 2 de mayo.

Basado en la prestigiosa serie de la BBC del mismo título, el montaje pretende acercar al espectador de la forma más realista posible a los periodos Triásico, Jurásico y Cretácico en que los dinosaurios dominaron la Tierra. Para ello presenta, a lo largo de sus 96 minutos de duración, a 10 especies diferentes de estos colosales animales prehistóricos, entre los que se encuentran el Tyrannosaurus Rex, terror en los territorios de la antigüedad, el Plateosaurus, el Liliensternus, el Stegosaurus, el Allosaurus, el Torosaurus y el Utahraptor. El mayor de todos ellos, el Brachiosaurus, tiene casi 11 metros de altura, y 17 metros del hocico a la cola.

Walking With Dinosaurs está estructurado en dos actos. En el primero, las descomunales criaturas desfilan por el escenario rugiendo y moviéndose, a medida que las va presentando y describiendo Huxley, el paleontólogo-narrador que guía al público, ataviado con un apropiado atuendo de safari. En la segunda parte, se desata la interacción entre los distintos bichos, llegando al punto de tensión extrema con un espectacular enfrentamiento en el que una mamá T-Rex defiende a su cría de los depredadores.

Además de esa interacción entre las bestias con un realismo de categoría cinemática, que es uno de sus grandes atractivos, el espectáculo contextualiza a los dinosaurios en la larga época histórica (más de 200 millones de años) que les tocó vivir. Así, por ejemplo, se explica visualmente cómo los dinosaurios carnívoros evolucionaron hasta caminar sobre dos patas y cómo los herbívoros lograban esquivar a sus depredadores más ágiles. Y, cómo no, se liga su evolución a los cambios climáticos y tectónicos que tuvieron lugar en el planeta y que llevaron a la desaparición de muchas especies.

Una trama teatral que se desarrolla con la escisión de los continentes, y con la transición del desierto árido del período Triásico hasta las verdes praderas del Jurásico Superior. Se forman los océanos, los volcanes entran en erupción y algunos bosques se incendian. Todo va conduciendo al espectador hasta el momento del impacto del enorme cometa que alcanzó la tierra y provocó la extinción de los dinosaurios, junto al 50% de los géneros biológicos existentes, hace 65 millones de años.

Una aventura tan fascinante como realista que ya ha cautivado a más de cuatro millones de personas en todo el mundo y que ahora recala en Madrid para dejar claro que los dinosaurios fueron mucho más que un taquillazo de Steven Spielberg.

Aparte de en la homónima serie de la BBC, el germen de Walking With Dinosaurs hay que buscarlo en Australia.

Para elaborar la mastodóntica producción del montaje se reunió en un hangar de la zona portuaria de Melbourne un equipo de 50 personas, que trabajó durante todo un año en la materialización del proyecto.

En ese taller, con dimensiones capaces de albergar un Boeing 747, desarrollaron sus capacidades: ingenieros, constructores, recreadores de piel, artistas, pintores y expertos en animatrónica, con el objetivo de dar vida a los dinosaurios protagonistas.

El Brachiosaurus, el mayor de ellos, tiene casi 11 metros de altura, y 17 metros del hocico a la cola.

El espectáculo, que se estrenó en enero de 2007 en Sydney, está dirigido por Scott Faris, un veterano nombre de Broadway, que ha participado en títulos como Grease o Sweet Charity.

Sonny Tilders se ha encargado del diseño y construcción de las criaturas; el decorado y el diseño de las imágenes proyectadas nos llega de manos de Peter England; las luces del espectáculo llevan la firma de John Rayment, James Brett se ha encargado de la composición musical y Warner Brown ha escrito el guión.

Tilders, el diseñador de los bichos, que ya trabajó en Star Wars y Las crónicas de Narnia, ha explicado el funcionamiento de sus mecanismos: «Para que estas criaturas parezcan de carne y hueso y pesen 6, 8 o incluso 20 toneladas, utilizamos un sistema llamado ‘bolsas de músculos’, que está hecho a base de un tejido de malla elástica relleno con bolas de polietireno, éstas se contraen y se estiran en puntos móviles del cuerpo, igual que los músculos, la grasa y la piel en las criaturas de verdad».

Animales. Veinte dinosaurios de 10 especies diferentes pueden verse a lo largo de los 96 minutos de espectáculo.

Narrador. La acción está narrada por un entusiasta paleontólogo llamado Huxley.

BBC. El proyecto ha sido asesorado por Tim Haynes, creador y productor de la serie original de la BBC.

Premios. El montaje ha ganado un premio THEA, que reconocen la excelencia en la creación de un proyecto que aúna aspectos educativos, históricos y de entretenimiento. También ha obtenido un premio Billboard y un premio Pollstar.

Éxito. Más de cuatro millones y medio de espectadores han visto Walking With Dinosaurs en todo el mundo.

Reconocimientos. La serie televisiva en que está basado el espectáculo ha sido galardonada con seis premios Emmy y tres BAFTA.

Dos actos. El show está dividido en dos actos. En el primero se presenta a cada una de las 10 especies y en el segundo los animales interactúan entre ellos.

La estrella. El Tyrannosaurus Rex es el más conocido y el más terrorífico.

La belleza también se bebe

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Ni el último modelo de smartphone ni la manicura impecable. El complemento más valioso del momento es un vaso de licuado verde que acompaña un estilismo deportivo.

¿La razón? Una conciencia cada vez mayor de la importancia de introducir estos elementos en la dieta, como recomienda la Organización Mundial de la Salud, y un verdadero culto por lo detox. Algunos de estos preparados también forman parte de programas que sustituyen la alimentación diaria en ciclos de uno, tres y hasta siete días con el objetivo de depurar el organismo.

La doctora Irene Bretón, del área de Nutrición de la SEEN (Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición) y miembro de la Unidad de Nutrición Clínica y Dietética del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, explica que se trata de “preparados saludables porque, al ser elaborados en crudo, mantienen mejor las vitaminas”. No obstante, carecen de proteínas; así que “lo ideal es incorporarlos para complementar una alimentación variada, no para sustituirla”.

Traducido a la vida cotidiana: si un día no se puede ir al mercado para obtener productos frescos de temporada, uno de estos batidos que mezclan fruta, verdura, semillas y plantas oleaginosas sustituye un primer plato o proporciona en un tentempié las vitaminas necesarias. Como parte de los programas detox, liberan al organismo del esfuerzo de procesar los alimentos, de manera que la energía se concentra en llegar al cerebro, hígado y piel. Una cura de una jornada (no más) sería una buena idea para depurar y deshincharse sin dejar de introducir las vitaminas necesarias en el cuerpo.

“Resultan saludables porque, al ser batidos en crudo, mantienen mejor las vitaminas”

Recetas líquidas

Smoothies. La solución antioxidante. 66 recetas caseras es una verdadera enciclopedia de los zumos (licuados), smoothies (batidos con agua), shots (concentrados de nutrientes) y lácteos más saludables. Habla de los utensilios necesarios para convertirse en una experta en zumos naturales y de los beneficios de todos los ingredientes que se pueden utilizar, entre los que destacan las superverduras, como las foliáceas, que contienen celulosa, un componente que al organismo le cuesta descomponer pero que licuado favorece la absorción de sus nutrientes. Estas son dos recetas ejemplo.

Purificador Rico en calcio y en potasio, es uno de los más completos que existen.

Ingredientes 1 rama de apio,

1 ramillete de perejil, 1 puñado de col rizada, ¼ cabecita de brócoli,

1 ramillete de hojas de diente de león, ¼ de melón, 1 kiwi. Pasar todos los ingredientes por la licuadora.

Detoxificante Purifica el hígado

y tiene un alto contenido en vitaminas C y K.

Ingredientes ¼ de col verde,

1 manzana roja, 2 ramas de apio,

¼ de melón Galia. Pasar todos los ingredientes por la licuadora.

Olivia Palermo, Miranda Kerr y Jessica Alba son algunas de las adeptas a los smoothies (batidos en inglés). Son tan fieles que hasta suben a Instagram fotos con sus nuevos accesorios favoritos.

Cuando Samantha Fox visitaba a las tropas

Samantha Fox posaba encima de un reluciente blindado blanco, con su sonrisa «profidén» intacta mientras las colinas cercanas eran machacadas por fuego de artillería. Los combates entre los croatas que controlan Vitez y sus enemigos musulmanes no borraron la sonrisa de su rostro cuando llegó a la base de los «cascos azules» británicos.

«Aquí se está bastante bien», dijo. «Mi mamá me puso muy nerviosa, me dijo que habría minas». Samantha Fox vino para una visita de dos días con el fin de levantar el ánimo a las tropas o para relanzar su titubeante carrera de cantante y modelo, según cómo se mire.

Se dio un rápido paseíllo para conocer la base, pasó por las cocinas, la lavandería y el centro médico, echó un vistazo también a la sala de operaciones, donde le dieron una larga charla oficial. Después diría: «He visto que las provisiones llegan a la gente. Desde el helicóptero he visto cómo estallaban algunas casas. Este país está lleno de pueblos: cada pueblo lucha contra el de al lado». ¿Y la visita a las tropas? «Los tíos parecen estar encantados».

Acompañada por un guardaespaldas, miraba a los soldados que tomaban el sol en los edificios prefabricados. Samantha, como si fuera uno de ellos, ni se inmutaba por las ocasionales ráfagas de los francotiradores, procedentes de una colina controlada por los musulmanes. Los soldados ya están acostumbrados: esa mañana, dos rondas de mortero habían alcanzado la base, pero a nadie parecía preocuparle demasiado. Las tropas británicas y sus vehículos son objeto de disparos al menos una vez al día, pero lo consideran trabajo de espontáneos, no ataques premeditados.

La base en sí sigue teniendo una vida apacible, a pesar de que los pueblos de sus alrededores son a menudo presa de las llamas. La reacción de los soldados a la visita de la Fox ha sido variada. Clive Shuttleworth, cocinero, se sentía decepcionado: «Se ha dedicado a desfilar por aquí y por allá. Sólo ha venido por el dinero».

Los soldados del Primer Pelotón de la Compañía A afirmaron que hubiesen preferido la visita de Linda Lusardi, una modelo lo suficientemente mayor como para poder ser la madre de muchos de ellos, pero que -según toda la tropa- posee mayores encantos que Samantha. El soldado Neil Sanderson dijo que la Fox infunde moral porque es alguien a quien todos conocen.

«Todo el mundo la ve en los periódicos, por eso fue agradable conocerla en persona», explicó. A última hora del día, en la parte de atrás del garaje de la base, los «cascos azules» veían una película de vídeo en la que Sarajevo ardía al ritmo de la canción «Nunca vamos a sobrevivir salvo que nos volvamos un poco locos». Los disparos y explosiones del televisor tenían su eco en los disparos y explosiones de los alrededores. La señorita Fox permanecía imperturbable. Tenía previsto pasarse por el gimnasio.

Su única preocupación, conseguir un espacio en la televisión. Saliendo a gatas de un blindado, preguntó: «¿Dónde está el coche? Tengo que retocar mi maquillaje si voy a salir en la tele».

Letizia Ortiz marcando huesos

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Se ha discutido profusamente si el Príncipe debía contraer nupcias siguiendo los dictados del corazón o, si por el contrario, debía ser fiel a la tradición y conservar sine mácula el Rh que le procura la historia. La segunda vía, por sacrificada, se presentaba llena de sombras e incertidumbres que podían poner en peligro la felicidad del futuro rey. ¿Pero es consustancial la felicidad a la condición de monarca? La respuesta es no.

De un rey lo único que se debe esperar es que se convierta en auténtico garante de las libertades de una nación y que la represente de una forma justa y digna. Poco debe importar que sea feliz, y nada, absolutamente nada, que por imperativos de la sangre, le pueda tocar en suerte una mujer atroz. Es este oficio donde prima lo simbólico sobre lo real, es imprescindible conservar al símbolo, y no pretender acariciar el secular deseo de la suegra borracha y la bota llena, puesto de moda por los vástagos de las monarquías europeas. Dicho en otras palabras: si busca amor, que renuncie a sus prebendas.

Sea como fuere, ha salido el corazón triunfante. La afortunada: una periodista asturiana de clase media. Su belleza, promesa de felicidad, dicen que va a devolver la sonrisa al Príncipe.Y el país entero, -animado quizás por las temperaturas clementes de los últimos días- se ha echado a la calle para celebrarlo.¿Es acaso el amor que le profesa a Letizia, garantía de que el futuro monarca lleve la nave a buen puerto?

Pero hay algo en esta historia que resulta excesivamente molesto para el pueblo llano. Se ha descrito a Letizia Ortiz Rocasolano como el no va más de la condición humana. Su serena, resuelta y desinhibida -excesivamente desinhibida, por cierto- actuación en la pedida de mano ha maravillado al país, aunque para ella no fuera más que otro telediario, con la diferencia de que en esta ocasión se narraba a sí misma.

Entre sus credenciales, anunciadas a bombo y platillo, figuran las de ser una incesante trabajadora, estar firmemente comprometida con su labor diaria y ser una profesional como la copa de un pino. Pero por el amor de Dios, ¿cuántas personas con estas mismas características pueblan la geografía española en el más oscuro anonimato? Que tengo yo trato con humildes labriegos. Sacrificados y probos operarios que trabajan de sol a sol y sol tras sol.Y sin embargo, nunca salieron en la tele, y nunca ningún organismo les reconoció su esfuerzo. Por tanto, seamos prudentes en las críticas, pero seamos también mesurados en las alabanzas. Letizia Ortiz todavía tiene todo por aprender.

Isabel Preysler no sabe ser rica

El «Hola» trae esta semana un gran reportaje sobre la nueva y ya famosa casa de los Preysler, habitación por habitación.

A mí lo que más me ha gustado es la caseta del perro. Amo a los animales, soy ecologista, soy verde, soy de la desaparecida Petra Kelly y agradezco a don Miguel Boyer que nos enseñe a los españoles a tener un perro como hay que tenerlo. Ahora comprendo que la brillante carrera política y financiera de este señor ‘tenía un noble fin: dignificar al perro. Y digo al perro porque doña Isabel Preysler estaba ya muy dignificada por sus sucesivos maridos, anuncios, exclusivas, porcelanosas y cosas.

En cuanto a los hijos, han ido siendo dignificados por sus padres plurales con generosas pensiones para vigilancia y guardias privados (pensiones que, según los biógrafos de doña Isabel, ésta invertía en comprarse colorete, mucho colorete).

El propio señor Preysler está ya en la Historia de España y en la Prensa del Corazón, para siempre, de modo que lo que quedaba por dignificar y redimir de esta familia era el perro. Por los perros conoce uno a su dueño y este perro es de buena raza.

He aquí la familia modelo de España, la familia ideal, la familia de diseño con que sueñan todas las manijas, maripuris y horteras del Presupuesto o de la iniciativa privada. Y una caseta de perro en la que viviría muy feliz una familia chabolista de Entrevías. O sea lo que se merece un perro fiel.

La Ecología es la ideología que nos autoriza a tratar a un perro mejor que a un parado, porque un perro guardián no está parado.

Claro que también podían haber puesto un parado en la caseta, de perro guardián, y así teníamos un parado menos y Boyer le echaba una mano en este problema a su viejo amigo Felipe. Lo que tienen que hacer los parados es aprender a ladrar y no andar por ahí de camastrones, cobrando el subsidio. Ahora se comprende, asimismo, que Boyer nacionalizó a Ruiz Mateos porque lo que quería era vivir como Ruiz Mateos o mejor.

Tuvo la honestidad de comerse el carnet del PSOE con grapa y todo y meterse en la empresa privada, que es donde se cultiva «la cultura del pelotazo», como dice mi admirado señorito Juan Luis Cebrián. Su obligación era tener a su dama como una reina, y para eso no da el sueldo de un ministrillo.

De modo que entró de botones con las Koplowitz. La casa a mí me parece de plastiqué, una tienda de muebles, una casa no vivida, el decorado de una comedia que no se va a representar nunca (la comedia la representan fuera, en la calle, en la vida).

En el mismo número del «Hola» viene la casa de Mia Farrow, que es un poema a la cotidianidad, un grato y lírico desorden de jardines, niños, ajedrez, gente sentada por el suelo, cuadros interesantes, y de todo ello emana como un perfume íntimo y literario, con la elocuencia de las cosas vividas y el aura del uso hermoseando cada objeto. Al lado de esto, en páginas paredañas, lo de los Preysler es el panteón de un hombre ilustre. Como que ella es una extranjera que no se ha aclimatado y que realiza el modelo Ymelda Marcos, la que fue su jefa, y él es un economista pequeñoburgués escapado de un matrimonio de tedio y grisalla.

No saben ser ricos. Pero son hoy la pareja emblemática de ese ideal hortera que ha creado el socialfelipismo, y Boyer ha realizado a tope el sueño de miles de sociatas con cargo, que confunden el triunfo político con el alterne.

Uno de los hombres más significativos de la década, Boyer, marca bien la cultura parvenu y consumista que ha creado el PSOE y difundido la televisión. Esta casa es lo que resta tras la pasada por el socialismo. Todo es bonito en las fotos, ya digo, pero a mí me flipa la caseta del perro, con cortinillas como un cabaret o una peluquería.

Cuando se muera el perro, siempre pueden poner ahí un parado de raza que no desmerezca. Los libros aparecen tan intocados e ilectos, en la mansión, como los de la Pantoja. Yo, cuando Corcuera me eche del periodismo, quiero ser el perro de los Boyer.

Los fracasados son los que no tienen inteligencia ni voluntad de llegar a más


El periodismo se cura viajando y es mi primera vez en Nou Barris. El mitin está convocado a mediodía pero llego no más tarde de las 10.00 y le digo al taxi que me deje en el paseo Valldaura. Les han puesto las mismas jardineras que en Mitre, delante de mi casa. En el mercado de la Guineueta, frenético de gente y gasto, los bogavantes se mueven como los de Sarrià y los entrecots lucen sexis y reposados. Paseo por calles y callejas y todo está limpio y ordenado. La vida transcurre alegre y amable. No es un lugar infeliz, ni sin inversión, ni sin infraestructuras. No es Pedralbes pero si éste resulta ser el barrio más humilde de la ciudad, la historia de Barcelona puede considerarse un éxito formidable. En ninguna otra ciudad del mundo el supuesto barrio pobre está tan limpio y equipado.


La plaza Mayor es pequeña y enseguida parece que se ha llenado. Cuando Pablo y Ada llegan, con media hora de retraso, son recibidos con el mismo fervor con que mi tía Lola se arrodilló cuando fue a ver al Papa.

Podemos y sus múltiples marcas son un equipo de fútbol o una banda de rock. Sus hinchas y fans responden al estímulo como ante sus ídolos las masas, y por primera vez se sienten los protagonistas de algo. Ni es razonable su indignación, ni hay en sus planteamientos ninguna lógica, pero se palpa la emoción en el ambiente y cómo el puro odio de las arengas de sus líderes conecta eficazmente con esta frustración general, que es más una moda que el balance ecuánime entre lo mucho que has conseguido tener en comparación con el poco rédito que da tu trabajo.

Podemos es el Atlantic City de las clases bajas, un jacuzzi mental para que los fracasados puedan sentirse víctimas en lugar de culpables. Ada y Pablo no son la solución a ningún problema, pero funcionan como evasión para los que no tienen inteligencia ni voluntad para llegar a más. Su discurso se basa en dos ideas igual de falsas. La primera, que eres pobre porque ellos te robaron. La segunda, que nosotros te devolveremos lo que era tuyo. El mensaje cuaja hasta el punto de que cada asistente vive el momento como si pasara hambre, cuando hace media hora estaba comprando pescado fresco en el mercado; se sulfura como si le hubieran desahuciado cuando vive perfectamente cómodo en su casa, y encarna la épica del desesperado como si viviera entre chabolas y jeringuillas y no en este apacible barrio con muchas más prestaciones y servicios sociales de los que los vecinos podrían pagar con el fruto de su trabajo.

No se les escucha ni a Pablo ni a Ada una sola propuesta para concretar su deseo de mundo mejor, ninguna idea positiva ni mucho menos propositiva. Sólo tremendismo, apocalipsis y fin del mundo. En sus incendiarias proclamas, el principal ingrediente es el insulto. Por ello el candidato más nombrado no es ninguno de los suyos, sino Esperanza Aguirre.

Me marcho cuando algunos de los asistentes me identifican y empiezan a increparme, y sigo en directo por internet la última parte de la intervención de Ada. Cuando la turba se exalta, la democracia es encontrar un taxi.