El cine español roza la pornografía

Hace tiempo que una ola de puritanismo invade los Estados Unidos. La moral se ha hecho más estricta que nunca y cosas que antes parecían normales se empiezan a mirar con malos ojos. El cine, como parte importante de la vida de los americanos, no se ha librado de esta moralidad que algunos consideran «exagerada e hipócrita» y el escándalo ha llegado a salpicar a las películas españolas que se han estrenado allí. Pedro Almodóvar, pionero en asaltar el mercado norteamericano, también fue el primero en tener conflictos con la censura. Su película Atame estuvo a punto de ser calificada X por la Motion Picture Association of América, organismo encargado de dar estas calificaciones pero, finalmente, le rebajaron a un nivel inferior.

Existen cinco categorías: G, para todos los públicos; PG, en la que se recomienda la guía familiar; PG13, en la que se advierte a los padres que no es recomendable para los menores de 13 años; R, para menores de 18 años acompañados por sus padres; y X, apto sólo para mayores de 18 años. Además, existe la categoría NC-17, creada para la película Henry and June, considerada pornográfica. La última película española presentada en Estados Unidos, Amantes, de Vicente Aranda, también se ha visto afectada por la polémica.

Algunos comentarios acusaban al filme español de rozar la pornografía y algún crítico la definió como «un trabajo de cine negro con escenas de sexo». Pero la polémica se ha visto zanjada cuando se ha estrenado la película. Vincent Carby, del New York Times, ha realizado una magnífica crítica del filme en la que le califica como «un trabajo perfectamente conseguido y sofisticado». Victoria Abril, que fue galardonada con el Oso de Plata del Festival de Berlín por su trabajo, ha denunciado en Nueva York la «doble moral que impera en Estados Unidos» y la ha calificado como «hipócrita». La actriz, con la sinceridad que le caracteriza, comentó delante de todos los periodistas que «el día que los Estados Unidos censuren las balas, yo censuraré mi culo».

Pero la peor parada de todas las películas implicadas en esta polémica es Basic instinct, del holandés Paul Verhoeven. Michael Douglas y Sharon Stone son los protagonistas de este filme en el que las críticas han sido provocadas por la forma de abordar el delicado tema de la homosexualidad, en este caso, y para empeorar las cosas, femenina. La comunidad gay considera que los homosexuales que aparecen en la película tienen tendencias asesinas y sus acciones de protesta no se han hecho esperar.

Después de interrumpir varias veces el rodaje, han amenazado con desvelar el nombre del asesino colocando carteles en las puertas de los cines. La ceremonia de entrega de los Oscar tampoco se va a librar de esta «plaga moralista», ya que dos de las candidatas al premio a la mejor película, El silencio de los corderos y JFK, han sido también criticadas. El tratamiento de los personajes homosexuales en ambos filmes ha sido calificado como denigrante y esta acusación puede condicionar la votación de los miembros de la Academia.

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