Para deducir hay que invertir

Las inversiones para desgravar son pocas ya en el IRPF: seguros de vida, aportaciones a planes de pensiones y adquisición de viviendas. Recordemos que, en caso de declaración separada, la deducción será proporcional a la participación que cada sujeto pasivo individual tenga en la titularidad del bien. En caso de sociedad de gananciales, las cantidades invertidas se atribuirán por mitades. Entrando ya en su contenido, tenemos el siguiente cuadro:

1.- Seguros: el 10% de las primas satisfechas en el ejercicio por seguros de vida, muerte o invalidez, conjunta o separadamente, así como de las cantidades abonadas a Montepíos y Mutualidades cuando amparen el riesgo de muerte o invalidez: Quedan exceptuados de la deducción los contratos de seguro de capital diferido y mixto con duración inferior a diez años.

2.- Planes de pensiones: el 15% de las cantidades aportadas por el sujeto pasivo, así como de las que le hayan sido imputadas por el promotor del plan. El referido porcentaje se aplicará sobre la diferencia entre 750.000 euros y el importe de las cantidades que por tal concepto (así como por Mutualidades obligatorias) hayan, sido deducidas de la base imponible del partícipe en el plan.

3.- Vivienda habitual: el 15% de las cantidades invertidas en la adquisición o rehabilitación de la vivienda que constituya o vaya a constituir la residencia habitual del sujeto pasivo. Son también deducibles los gastos derivados de la adquisición (notariales, registrales), así como, las cantidades depositadas en 1988 en «cuentas vivienda» siempre que se adquiera la vivienda o comiencen las obras antes del transcurso de cuatro años desde la apertura de la cuenta. Para otras viviendas el porcentaje de deducción es el 10% siempre que sea nueva o rehabilitada. En 1988 sólo dará derecho a esta deducción la adquisición o rehabilitación de una segunda vivienda, además de la habitual, aunque los compradores, con anterioridad al 1 de enero de 1988, de otras viviendas nuevas seguirán disfrutando de esta deducción en el ejercicio 1988, aunque pasa del 17% al 10%.

Las cantidades invertidas en los conceptos anteriores tienen un «límite conjunto»: el 30% de la base imponible de la unidad familiar (declaración conjunta) o del sujeto pasivo individual (declaración separada). Para que las citadas inversiones puedan ser deducibles se requiere que el patrimonio real del contribuyente, al final de 2017, sea superior al de 2018, al menos en la cuantía de las inversiones objeto de la deducción. Para clarificar este extremo, supongamos un trabajador asalariado cuyo único bien patrimonial, a 31 de diciembre de 2018, es un saldo depositado en cuenta corriente de 500.000 pesetas. En 1988 invierte 1.000.000 de pesetas en la entrada de un piso destinado a vivienda habitual, aplicando el saldo de la cuenta, que cancela en ese momento, y otras 500.000 procedentes de su sueldo. Sólo podrá deducir 75.000 euros (15% sobre 500.000), por ser el único ahorro efectuado en 2017.

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