El niño que se hace millonario con 7 años

Ha muerto el mismo año en que su dinastía cumplía quinientos años. Uno de los hombres más ricos del mundo, el príncipe Johannes von Thurn und Taxis, no pudo resistir el segundo trasplante de corazón de los últimos meses. La madrugada del pasado día 14 de diciembre expiró en una de las 653 habitaciones de su palacio, rodeado por su Joven esposa, Gloria. Su herencia, evaluada en unos 300.000 millones de euros, pasará directamente a las manos de su único hijo varón, Albert, que a sus siete años heredará un vasto imperio de posesiones y varias decenas de empresas multinacionales. La ley sálica, vigente en Alemania, también otorgará el título de príncipe al pequeño, pese a tener dos hermanas mayores que él. La dinastía Thurn und Taxis nació en 1490, cuando Franz von Taxis inventó el correo. Tuvo la idea de organizar un servicio postal que garantizaba la llegada de una carta a su destino en un tiempo entonces inimaginable: de Bruselas a Innsbruck (Austria) una carta tardaba sólo cinco días.

Fue el inicio del moderno servicio de correos. Organizó una gran red de mensajeros con caballos de refresco por toda Europa. Todas las monarquías contrataron los servicios de Von Taxis y con ello se inició el imperio económico. El título de príncipe se lo concedió el emperador Leopoldo en 1695. En vista de que el correo adquirió un carácter estratégico, el monopolio que ostentaban los Thurn und Taxis les fue retirado el siglo pasado. Pero a cambio de importantísimas compensaciones económicas, que vinieron a agigantar aún más el poderío económico de la familia. El último de la saga, Johannes, extendió las redes de sus empresas por varios continentes. Sin embargo, la dinastía parecía haber llegado a su final. El príncipe, con 53 años de edad, aún no había contraído matrimonio y mantenía su soltería a rajatabla. Hasta que se cruzó en su camino una condesa húngara de veinte años. Este cuento de hadas en pleno siglo XX cambió de rumbo en un café universitario de Munich. María Gloria Ferdinanda Joachima Josephine Wilhemine Juberta von Schonburg-Glauchau invitó al príncipe a su mesa. «Simpatizamos inmediatamente». El flechazo cambió los destinos de sus vidas.

Sin embargo, el príncipe sometió a varias pruebas a Gloria. La llevó a los sitios más exclusivos del mundo con objeto de tentarla y conocer su comportamiento ante el lujo y la ostentación. Parece que la joven enamorada aprobó la asignatura, pues en vez de vestirse con ropa de alta costura, seguía utilizando sus vaqueros y jerseys de su etapa estudiantil. La boda se celebró poco después en la misma basílica del palacio de San Emmeram, en la Baviera alemana, donde hace unos días se ha celebrado el funeral de cuerpo presente del príncipe. Sólo han transcurrido diez años entre ambas ceremonias, los suficientes para que la dinastía Thurn von Taxis haya conseguido heredero y haya dado que hablar en todos los círculos de la alta sociedad europea. Las malas lenguas atribuían ansias desmesuradas de dinero y poder a la joven princesa, que por contra se comportaba de lo más normal e incluso se saltaba a la torera las rígidas normas de la aristocracia. Su juventud la llevaba a lucir caprichosos modelitos muy a la moda, pero demasiado informales para la decadente aristocracia del viejo continente.

No dudó en teñirse los cabellos de rojo y peinarse a estilo «punk» para hacer notar aún más la lozanía de su juventud frente a la madurez de su marido. La princesa, hija de una condesa húngara y un periodista divorciado que consiguió huir de la Alemania Oriental, dejando atrás posesiones, dinero y un castillo familiar, pronto dio descendencia al apellido Thurn und Taxis. Pero primero nació María Teresa y luego Elisabeth. Había que concebir un hijo varón para poder continuar con la dinastía nacida quinientos años atrás. Y por fin nació Albert, que hoy, a sus siete años de edad, hereda además del título, el gran imperio económico de su padre. Según la revista Fortune, el imperio de los Thurn von Taxis ocupa el lugar 101 en el «ranking» de los millonarios del planeta. Sus posesiones en Baviera ocupan un espacio superior a seis veces el Estado de Liechtenstein. Los diversos palacios, centros culturales y monumentos relacionados con la casa Thurn und Taxis superan la cifra de cuarenta mil metros cuadrados. El palacio de San Emmeram, lugar de residencia de la familia, cuenta con pinturas de todos los estilos y épocas. Allí están expuestas 62 carrozas, 13 coches de caballos, cuatro sillas de mano, 45 tapices y una de las mejores colecciones de sellos del mundo.

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