Sodoma, Gomorra y los famosos

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Cantaba Sarah Vaughan que hay que vivir hasta que a una se le acabe la vida y Marilyn, que el sexo forma parte de la naturaleza y que hay que llevarse de maravilla con el mundo natural. Servidora, que es de personalidad mimética, aquí está, como una monilla. Viva, coleando y sin pareo.

Y no como Eugeñita Martínez de Irujo, que parece Sally Field en No sin mi hija, siempre que sustituyamos «hija» por «mi toalla en la cadera, que tengo celulitis pese a que me liposucciono cada lunes y cada martes, pero tengo un metabolismo que la madre que lo parió y una madre que me va a dejar esperrengada viva como se case con Alfonso por mucho osito de Tous que me ponga yo en el moño». A lo que iba, que cuando una está con los chakras abiertos, el mundo rosa adquiere la perspectiva de la que ve turbio y está patas p’al hombro. O sea, oblicua. La amante de Amador, por ejemplo, esa señora que, la pobre, se apellida Cuello cuando no tiene, es poesía.

Poesía de un amor imposible y roto. O no. A mí eso me la sopla. Lo que digo es que con esa melena rubia de rizo de rulo y redecilla, joyas de Bijou Brigitte y vozarrón de ponerse de Ducados mentolaos y palomitas de Chinchón hasta las pencas, ella cuenta que ha tenido a Amador vengándose en ella hasta que sólo quedaba su piel y sus huesos bajo la luna de Chipiona, mientras que Rosa Benito mudaba la suya y se convertía en cisne bajo la de Honduras.

Con esos mimbres te hacía un drama vital Tennessee Williams. Yo mezclaba esa historia con la de una ex vedette ultrajada por un marido croata y un magnate de las networks que cae en los brazos de un alemán riquísimo que la recluye en una isla y esa isla se convierte en Sodoma y Gomera mientras David Meca la rodea a braza un fin de semana de agosto y consigo un best seller que se caga la perra.

A lo mejor, Norma Duval me demandaría por contar lo que ocurrió ayer en la costa ibicenca pero, con no titular Tagomago, gano seguro. La vida es así de cruel y paradójica. Sólo hay que pillarle el punto. Mira a Tita, que llama a su casa Villa Tarzana por su pasado con ídem Baxter. Lo confesó en Lecturas entre tartas sacher y Tang tropical, y también que se siente muy Marco Polo porque combina Murano con tallarines yakisoba.

Yo combino Lladró con whoppers, que es más Hustler, pero igual de viajado. Y hablando de viajes, ¿no habrá terminado Doña Letizia loca con tanta regata y tanto niño? Soy yo ella y veo aparecer a Doña Cristina con esa horda de niños, todos con esa severidad rollo Niños del Maíz, y ya me puede morrear el Príncipe Felipe, que yo el cuajo ya lo tengo al cortado. Y qué eternidad la de la Copa del Rey. Prefiero el secano. Mentira, pero cuando a una no la invitan, actúa como la zorra y las uvas. O simplemente, como una zorra.

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