Lina Morgan trabajadora y solitaria

El próximo 20 de marzo Lina Morgan cumplirá 75 años. Si no se ha ido de viaje, una de las aficiones que ahora que tiene tiempo libre más le gusta practicar, lo celebrará en la intimidad de su amplio y barroco piso junto a El Retiro. La misma casa que compartió con sus padres mientras vivían, su idolatrado hermano José Luis y en la que ya sólo queda Julia, su hermana mayor, a la que sigue mimando todo lo que puede para resarcirla de aquella infancia pobre en la que tenían «escasez de todo menos de cariño».

Posiblemente, recibirá la llamada de amigas como Amparo Rivelles, con la que habla prácticamente cada semana, o de Raphael. Si se encuentran animadas, las hermanas López Segovia llamarán al chófer para que les acerque a comer en uno de los reservados de Casa Domingo, en la calle Alcalá, o quizás a Casa Lucio o al Schotis, dos de sus restaurantes favoritos de la Cava Baja, pero que en los últimos tiempos ha dejado de frecuentar. « Ahora, hace mucho tiempo que no salgo, porque en cuanto te ven, los periodistas van a preguntarte cualquier cosa.

Procuro ir a los sitios que no tengo más remedio y a los que me apetece», confesaba Lina, esquiva. Su mala relación con la prensa ha hecho que no conceda entrevistas desde hace más de dos años. «¿ Que tengomala leche? Pues sí. ¿ Que algunas preguntas me joroban? También. Pero no soy mala gente. Creo que a nadie tiene que importarle lo que hago después del trabajo», explicaba. De vez en cuando, se la puede ver envuelta en sus impresionantes abrigos de piel en actos benéficos u homenajes a compañeros de profesión.

El dibujo animado de Disney, tal y como la definió Haro Tecglen, que congregaba audiencias de 16 millones de espectadores en Nochevieja (por algo dijeron de ella que era un fenómeno sociológico) parece haberse convertido en un reflejo castizo de la Norma Desmond de El crepúsculo de los Dioses, confinada en su lujosa torre y recordando tiempos mejores. « No es eso. Ella mantiene el sentido del humor y sale cuando quiere, pero es muy celosa de su vida personal porque le han hecho mucho daño», explica un amigo de la artista.

El pasado jueves su público pudo volver a verla en una pequeña intervención en la gala de Reyes que producía José Luis Moreno para TVE. Él ha sido el único empresario que ha logrado sacarla de su retiro en los últimos años gracias a pequeños papeles en series como A tortas con la vida o Escenas de matrimonio. Incursiones anodinas para una mujer que con Hostal Royal Manzanares hacía picos de audiencia demás de ocho millones de espectadores. Hoy en día, una serie puntera como Águila roja apenas supera los cinco millones.

Puede que las audiencias de sus últimos proyectos no fueran tan boyantes como las de su época dorada (sonoro fue su enfado cuando TVE decidió programar su serie ¿ Se puede? en verano y a partir de las 11 de la noche), pero lo cierto es que, si quisiera volver mañana al teatro, no habría dinero para pagar su caché. « Es que una figura de su talla tendría que ir a porcentaje de taquilla. Nadie ha llenado el patio de butacas como ella», explica el empresario escénico Jesús Cimarro, de Pentación.

Fue él quien gestionó el pasado verano la compra del Teatro La Latina, el templo de la revista que Lina Morgan había comprado a plazos durante 11 años de funciones dobles. Para convencerla tuvo que invitarla a más de 50 cenas durante casi dos años. « La Latina ha sido el sueño de su vida, su mayor logro. Fue muy difícil conseguir que se desprendiese de él porque tenía mucho valor sentimental para ella. Además, había ofertas de constructores que le hubieran dado más dinero para luego hacer pisos, pero ella ama el teatro y quería que La Latina mantuviera su actividad».

En un principio, la vedette llegó a pedir nueve millones de euros, pero finalmente se conformó con siete millones y medio. Lo que le convenció de la oferta de Cimarro fue que se comprometieron a reservarle su palco (el que está a la derecha del escenario) y que podría conservar el despacho que utilizaba su hermano José Luis, fallecido en 1996 a causa de una hepatitis mal curada. Un duro golpe que aún hoy le pesa. « Era mi hijo, mi padre, casi mi novio, era la mano en la espalda para que yo no tropezara», confesaba la actriz años después de su muerte. Juntos pusieron en marcha revistas míticas como Sí al amor o Vaya par de gemelas, que duraban hasta tres años en cartel con colas kilométricas. Quizás por ello, Aznar le confesó que le gustaría tener su poder de convocatoria.

« Un día a la semana Lina recibía a sus admiradores y la gente le llevaba todo tipo de regalos. Muchas flores y productos típicos de la tierra, como quesos. Ella tenía a la vuelta de la esquina una furgoneta para cargarla con los regalos y llevarlos a los hospitales», relata un empleado de aquella época. En los almacenes de La Latina aún se encuentra, testigo de esos años dorados, el vestuario que la artista lució en sus revistas. Un delirio de lentejuelas que podría terminar en el Museo Nacional del Teatro de Almagro con ocasión del 75 cumpleaños de la artista.

« Voy a hablar con el ministro de Cultura para que tenga allí una sala única, que bien se lo merece», prosigue Cimarro. Él es uno de los productores que la siguen tentando para que reaparezca en escena. Su representante asegura que sigue recibiendo muchas ofertas. « Ella no se ha retirado. Quien te diga eso miente. Sigue viendo proyectos, pero aún no hay uno que le haya convencido», explica a la par que desmiente que tenga problemas de salud. Sus articulaciones de goma han sufrido mucho, pero se mantiene en forma.

La propia actriz calienta las expectativas de su público y en los últimos años ha anunciado varias veces su regreso a las tablas con diferentes proyectos. Pero lo cierto es que desde que en 1994 se bajara el telón de la útima función de Celeste no es un color no ha vuelto a pisar un escenario. « Quizás está rodeada de gente que no la hace ningún bien porque la sobreprotegen», desliza un amigo. Quien más cerca estuvo de lograr esta sonada reaparción fue Juan Carlos Pérez de la Fuente que, en 2002, durante su dirección del Centro Dramático Nacional, anunció un monólogo de Lina Morgan interpretando fragmentos de Madre Coraje, Bodas de sangre y poesías de Garcilaso o Cernuda.

El director escénico recuerda vibrante aquella experiencia frustrada. « Llegamos a ensayar durante tres días pero le pudo la presión, creyó que el María Guerrero le venía grande. Lina es la heroína elegida del pueblo, pero la crítica nunca ha llegado a reconocerla comomerece. Fue una lástima porque en ella hay una gran trágica y hubiera estado fantástica. Yo sigo queriendo hacerlo, ojalá algún día ella acceda porque lleva el teatro en la sangre». Paradójicamente, sangre, sudor y lágrimas es lo que hay detrás de una carrera en la que ella se ha dedicado a hacer reír.

« Lina ha hecho burradas como pisar un clavo de una madera suelta de un escenario y salir a bailar sangrando», recuerda Joaquín Kremel, su galán en Hostal Royal Manzanares. Ni siquiera el día que murió su padre suspendió la doble sesión de aquella jornada: « Mañana habrá que tragarse el dolor igual», le dijo a su hermano. «HE QUERIDO» Esta obsesión por su trabajo es uno de los rasgos más definitorios de su carácter, según recuerda Kremel. « Ella se crecía con su público, que la adoraba. Aquello era como una fiesta, pero había muchísimo trabajo detrás.

Curiosamente, en escena teníamos una química feroz, pero fuera del rodaje no llegamos a intimar». Es una observación que repiten algunos de sus ex compañeros. A pesar de ese personaje tierno y patoso que Morgan ha convertido en un icono, ella no es una mujer accesible y graciosa en su vida cotidiana. « Soy la tía más sosa que se pueda imaginar. No sé contar un chiste», decía. Su obsesión ha sido siempre el trabajo. Lo cual tiene su contrapartida: « Teniéndolo todo, ¿ha sido completamente feliz Lina Morgan? No sabría decírtelo», se pregunta un amigo de la actriz.

Ella habla a veces de novios pasados entre sus íntimos. Se especuló sobre un pretendiente casado e incluso de un supuesto lesbianismo, pero es un secreto que guarda con celo. « He querido y me han querido». Es lo más que ha llegado a decir al respecto. Al menos, sabe que hay un cariño que nunca le faltará. El de un público al que Lina nunca ha dejado de agradecerle su fidelidada. Ya saben, « Agradeciiiida y emociiiionada…».

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