La primavera huele a rosa

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Todos los diseñadores y casas de moda que se precien tienen su propia fragancia, pero pocos pueden celebrar centenarios y presumir de árbol genealógico como el de Guerlain, un perfumista francés que abrió su primera tienda en la rue de Rivoli de París en 1828 y hacía los perfumes a medida de cada cliente, una de ellas la emperatriz Eugenia de Montijo.

Esta firma con tanto pedigrí pertenece hoy al magnate del lujo Bernard Arnault, que puede permitirse organizar la mejor fiesta del año para estrenar su última fragancia, L’Instant Magic, cerrar Ramsés -el local de moda en Madrid- y que haya invitados como Carmen Maura, que sólo va a sus propios estrenos y poco más.

Y al Ramsés se iban a tomar una copa Alejandro Agag y sus cuñados Alonso y José María, después de cenar con Ana Botella, cuando se encontraron con que la noche iba de otro rollo y de fiesta privada y se dieron media vuelta, aunque algún reportero interpretó que Agag era un invitado más de las hermanas Valiño, organizadoras del evento.

La llegada de Tamara Falcó y su novio Marc Noyer salvó a Alejandro Agag de las cámaras. La hija de Isabel Preysler y el marqués de Griñón se estrenaba ese mismo día como cronista de ¡Hola! desde su nueva residencia en París.

«Es mi primera crónica, a ver qué le parece a la gente, supongo que haré más cosas. Al fin y al cabo he estudiado Comunicación, estoy en la moda y éste también es mi mundo», contaba Tamara, que va a vivir entre Francia y España y a seguir colaborando con Barbour. La decisión de trasladarse a París -Tamara tiene agallas y temperamento- fue una sorpresa para su madre y también para su novio, un chico encantador que lleva con educación y naturalidad la curiosidad informativa. Todo lo contrario que Mónica Cruz, dividida siempre entre el afán por salir en las fotos y el pánico a pronunciar la palabra Bardem, como si le preguntaran por el violador del Ensanche en lugar de un gran actor español.

Algunas invitadas como Nuria González, Tita Flores y Bibiana Fernández todavía vivían el impacto del Baile de la Rosa del fin de semana anterior. Todos los españoles que han sido huéspedes de los Grimaldi cuentan maravillas de la simpatía de Ernesto de Hannover -quien sacó a bailar a Tita Flores-, la sencillez de Carolina y el nivel de la fiesta, la más divertida de los últimos años.

El ex alcalde de Madrid, Álvarez del Manzano, declaraba estos días que ese símbolo de los 80 era poco menos que vergonzoso. Sin embargo, en todo el mundo se habla de Madrid por aquel fenómeno cultural único, como todos recuerdan Barcelona por los Juegos Olímpicos.

Parece que entre Carolina y Almodóvar se ha establecido un feeling extraordinario. Cualquier día los veremos disfrutar juntos de la nueva movida de Madrid. Y eso que la princesa llamó un día a su amiga Cristina Macaya para preguntarle cómo eran los protagonistas del happening que se avecinaba. Y Cristina que no tenía adjetivos para definir a la troupe formada por Paco Clavel, Alaska, Rossy de Palma y Bibiana, le dijo algo así como que era un disparate… maravilloso.

Parece que el príncipe Alberto y su nadadora fueron los más tranquilos de la noche. Hasta que su Alteza Serenísima se revolvió en su asiento cuando subió al escenario un negrazo escultural con una única indumentaria, las piedras de brillantes, que cubrían sus atributos imponentes. El artista, o lo que fuera, hizo un homenaje a los obeliscos egipcios, a los que tan aficionado es el príncipe reinante. Menos mal que las piedras eran circonitas y no trozos de mazapán.

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