Niñeras de lujo que cobran por su silencio

La hija mayor de Cari Lapique, Caritina Goyanes (34 años), vive junto a su marido, Antonio Matos, y su hijo Pedro en una zona residencial cercana a Nuevos Ministerios (Madrid), a la que acaban de mudarse. El edificio donde se ubica el piso está rodeado de árboles y casas bajas, una especie de oasis de paz en medio de la locura del centro. El imprevisto paraíso se lo pone fácil a quienes tienen que pasear con un carrito de bebé, ya que las aceras son anchas y no hay millones de peatones compitiendo por cada centímetro cuadrado. Uno de esos privilegiados paseadores de niños es Mercedes (46 años), a saber, la nanny que trabaja para Caritina Goyanes.

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Es ella, la niñera, seguida de Tequila, un joven y enérgico sabueso de Baviera, quien abre la puerta de la casa familiar y al instante informa de que Caritina está terminando de vestir a Pedro, su hijo. “Saldrán ahora mismito”, apunta con un marcado acento ecuatoriano. Al parecer, ambos se están acicalando para la sesión de fotos. Algo que, por cierto, ya ha hecho Mercedes, que lleva su traje de faena de un blanco inmaculado y que incluso se ha pintado los labios y los ojos para la ocasión. Ella es la auténtica protagonista de esta historia, ya que cuida a Pedrito desde que nació, hace 18 meses. “Se instaló en casa un mes antes del parto”, explica Caritina cuando por fin coincidimos todos en su salón, donde aún se ven cajas por desembalar. “Así tuvimos tiempo para conocernos y hacernos la una a la otra”, puntualiza.

La verdad es que Mercedes no recuerda en nada a esas otras niñeras, como Anabel Urquijo, la que trabajó para Bisbal y Elena Tablada y saltó a las pantallas televisivas en lo más árido del pasado verano para airear supuestas intimidades de la pareja. Es difícil fantasear con Mercedes prendiendo fuego a los platós de Telecinco, como hizo la Urquijo cuando acusó a la Tablada de haberle sido infiel a Bisbal. O imaginarla tumbada en un sofá y fumando como un carretero mientras Pedrito corretea a su alrededor, como se acusó de hacer a la baby-sitter del cantante. En su momento, la pregunta inevitable respecto a Anabel Urquijo era: ¿quién y cómo la había contratado de niñera?

Resultó que era la pareja del dueño de un restaurante al que Bisbal solía ir a comer y con quien se llevaba estupendamente. Una forma, a la vista de los resultados, un tanto arriesgada de elegir personal. Sin más.

Uno esperaría que los famosos se esforzaran un poco más en la búsqueda de la baby-sitter de sus también célebres hijos. Como Angelina Jolie y Brad Pitt, que hace poco trataban de dar con una a medio camino entre el hada de Cenicienta y Einstein para cuidar a sus seis hijos. En concreto, decían necesitar a una licenciada universitaria que fuese políglota y tuviese disponibilidad para viajar. Por supuesto, el respeto a la privacidad de la familia era un requisito inexcusable. El sueldo a percibir por sus servicios y por su exquisita preparación ascendía a 150.000 dólares (109.000 euros) al año.

Sin llegar a este extremo -ni al contrario, el ilustrado por el caso de Elena Tablada y Bisbal-: ¿cómo buscan niñera los famosos? ¿Se guían por las referencias de los amigos o acuden a agencias especializadas? Porque si a una madre anónima le preocupa dejar en manos de un extraño a su retoño, en el caso de un personaje público la preocupación es doble, por el miedo a las fugas de información relacionadas con historias demasiado íntimas, como aquella en la que se vio envuelta Ana Obregón hace más de 20 años. La niñera de su hijo, Cristina de la Vera, acudió a La Máquina de la Verdad para desvelar sus intimidades con Alessandro Lequio, que incluían el maltrato. La actriz logró que el programa fuese secuestrado por un juez.

Hasta la mismísima Isabel Preysler fue víctima de una de sus niñeras cuando ésta se dedicó a contar que tenía… ¡juanetes! Ante semejante afirmación, una muy ofendida Preysler la llevó ante los tribunales y ganó. Pero no del todo satisfecha con la sentencia, se dedicó a lucir sandalias durante una buena temporada a fin de demostrar que las acusaciones eran falsas.

La hija mayor de Cari Lapique no parece vivir angustiada porque su empleada se vaya de la lengua. Ella dio con Mercedes por la fórmula más vieja del mundo, el boca a oreja: “Su hermana trabajaba en casa de una amiga de mi suegra, nos dijo que Mercedes acababa de llegar a Madrid y que era de total confianza”. Y, hasta el momento, Caritina no tiene queja. “Es muy discreta. En mi casa, como en la de cualquier familia, se pueden oír broncas. No somos excepcionales. Pero ella nunca le ha comentado nada a nadie”. Y reconfirma: “Confío en ella al cien por cien”.

Mercedes tampoco parece ver nada excepcional en su jefa. Que aparezca en los medios es algo normal y con poca relevancia en su día a día. Nunca la ha perseguido un paparazzi mientras llevaba a Pedrito “a la guarde”. “Sé mantenerme en mi sitio”, aclara, por si había quedado alguna duda. Y por mucho que la frase tenga algo de inquietante, cierto que cada una tiene su espacio y tiempo en el cuidado del niño. “Pedrito es agotador”, afirma Caritina. Constatamos que, efectivamente, no se está quieto ni un segundo. Desde que apareció dando saltos por el salón no ha dejado de subirse y bajarse del sillón ni de chinchar a la perra, a la que, en cuanto puede, da tirones de oreja y de rabo. El animal ya ni se inmuta. Un auténtico santo.

Si Pedrito llora, es Caritina quien se levanta por las noches, pero las mañanas son para Mercedes, Memé, como la llama el niño cuando se despierta. Qué sería de Caritina (quien, por cierto, prefiere no desvelar lo que cobra su empleada) sin Mercedes, en esas jornadas que se alargan y alargan mientras ella lleva el timón de Sixsensco, su empresa de catering…

Caritina no suelta prenda y nosotros seguimos con la duda: ¿será cierto que los famosos pagan más para que se respete su privacidad o por contar con una licenciada en Harvard en su casa? Sin llegar al sueldo desorbitado de la superniñera de los Pitt, ¿existiría un equivalente patrio? No es fácil encontrar respuestas. Por mucho que preguntamos, parece que hay un pacto de silencio entre las agencias y su clientela más célebre.

Belén Pascual, directora de The Homemaid, empresa dedicada a buscar personal para el hogar, es una excepción. Aunque, evidentemente, se niega a dar nombres. Entre sus clientes se cuenta un gran número de famosos y gente de posibles, como vecinos de La Finca, una de las urbanizaciones más exclusivas de Madrid. Ella lo tiene claro: “En general, huyo de los famosos. La experiencia me dice que son los que menos dinero ofrecen y los que exigen más. No buscan a una niñera, sino a un asistente personal que se ocupe de todo. Y, además, prefieren a las chicas filipinas porque, por el mismo precio, también hablan inglés”.

Cobre de quien cobre, lo cierto es que una baby-sitter no suele recibir un sueldo espectacular. “Mi cliente más generoso, que tiene tres hijos y uno de ellos con parálisis cerebral, paga 1.600 euros al mes más la seguridad social. La empleada se encarga, además, de las tareas de la casa y está formándose para ayudar a mejorar al niño con parálisis”, especifica la directora de The Homemaid.

Lo que llega a pedir el famoso de turno puede ser escandaloso. Jennifer Lopez exigía a la cuidadora de sus gemelos que trabajara 16 horas al día siete días a la semana para poder cumplir con sus compromisos… Ciertos casos sobrepasan los límites del sentido común (y algunos, los del buen gusto). Belén Pascual recuerda con horror las exigencias de la mujer de un torero: “Quería que la empleada hablara inglés, que le diera cobertura con los niños, que hiciese las maletas si salían de viaje y, encima, se quejaba porque no las subía al tren…”.

¿Vivirá con semejante estrés la niñera de Leonor y Sofía, las hijas del Príncipe Felipe y Letizia? Se sabe que Doña Letizia pidió consejo a Rocío Ramos-Paul, la supernnany de Cuatro, en un acto en el que coincidieron. Trascendió que la princesa de Asturias le preguntó si era bueno no dar a sus hijas chucherías los días de colegio para ofrecérselas los fines de semana o en los cumpleaños. Se dice que Ramos-Paul le aconsejó que se relajase… Aunque para relax, el de Victoria Eugenia de Battenberg que, según cuenta la periodista y escritora Pilar Eyre, lo hizo tanto que “Alfonso XIII le fue infiel con Beatrice Noon, que cuidaba de Alfonsito, el hijo mayor. Con ella, además, tuvo un hija”.

Entre la burguesía madrileña se ha puesto muy de moda contratar los servicios de una salus, como se llama al personal que ofrece, entre otras, la empresa Salus Madrid. Se trata de enfermeras con experiencia en hospitales que acuden a las casas, sobre todo a ayudar durante la noche, cuando la madre acaba de dar a luz. “Entre nuestros clientes tenemos a muchas mujeres de jugadores de fútbol, que saben que una salus les va a garantizar que su hijo tenga el mejor cuidado”, explica Carlos G. Pertusa, responsable de comunicación de la empresa.

No en vano, sus cualidades son “saber velar por la seguridad del niño, ya que son conscientes de los riesgos; tener conocimientos para solucionar los problemas y ayudar a la madre con las pautas de horarios, comidas y baño del bebé”, prosigue Pertusa. Las salus son un lujo (algunas pueden llegar a cobrar hasta 4.000 euros al mes, con jornadas de trabajo que pueden empezar a las 19 h. y finalizar a las 9 de la mañana) tan necesario para según quién que incluso las suegras se las regalan a sus nueras cuando éstas dan a luz. Y, aunque sus servicios están pensados para los primeros meses, algunos padres optan por contratarlas como niñeras durante periodos más largos.

La agencia madrileña En brazos también ofrece personal cualificado. Como explica su directora, Raquel Huéscar, “nuestras niñeras están formadas en Educación Infantil, Enfermería, Psicopedagogía, Psicología o son técnicas o auxiliares en Jardín de Infancia. Otra cosa que tenemos en cuenta es que tengan conocimientos en primeros auxilios o prevención de accidentes”. Sus sueldos por una jornada de ocho horas no suelen superar los 1.000 euros al mes.

Otra agencia que, en ocasiones, atiende a famosos es House&Kids. “Cuando trabajamos con ellos incluimos un anexo al contrato que incluye una cláusula de confidencialidad que el propio cliente redacta”, explica Ariadne Lang, su directora. Las exigencias normalmente no suponen ningún problema, aunque Lang reconoce que, puntualmente, les han obligado a rechazar al cliente: “Las expectativas eran imposibles de cumplir, hay quien pretende que una persona esté disponible 24 horas al día y nosotros luchamos para que nuestra gente tenga unas condiciones laborales adecuadas”. Las externas de House&Kids, con jornadas de ocho horas, tienen un sueldo de 750 euros mensuales más seguridad social y el salario mínimo para una interna, que incluye alojamiento y manutención, es de 800 euros al mes.

Para no meter la pata, Raquel Revuelta, Miss España 1989 y directora de una empresa dedicada a la moda, optó por una agencia que la ayudara a dar con la cuidadora perfecta para sus tres hijos. “La entrevisté y me dejé guiar por la intuición. No me equivoqué, se convirtió en un miembro más de la familia”, asegura. Charo ha estado cinco años con ellos y acaba de volver a su país, Perú. ¿Logrará Bilma, la nueva, estar a la altura de su predecesora? La exmiss no lo pone en duda porque, explica, “siempre me he preocupado mucho a la hora de seleccionar a la persona adecuada, nunca he fallado”.

Charo empezó a cuidar de los hijos de Revuelta cuando tenían 5, 8 y 12 años. No era psicóloga ni experta en enfermería, pero sí tenía una buena formación, un factor fundamental para la presentadora: “Estudiaba Administración de Empresas en su país, estaba bien preparada. Y compartía los valores que yo quería transmitir a mis hijos: que fuesen buenas personas, trabajadoras y honestas. Además, les inculcaba disciplina”.

Si a Charo se la considera un “miembro más” de la familia, otras han llegado a ocupar el lugar de la señora de la casa, como la niñera del hijo mayor de Robin Williams, que sedujo al actor, se casó con él (el matrimonio duró 20 años) y le dio dos hijos. Lo que no sabemos es si para cuidarlos contrató o no a una baby-sitter. Ya se sabe: a veces las carga el diablo…

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