Cuando Samantha Fox visitaba a las tropas

Samantha Fox posaba encima de un reluciente blindado blanco, con su sonrisa «profidén» intacta mientras las colinas cercanas eran machacadas por fuego de artillería. Los combates entre los croatas que controlan Vitez y sus enemigos musulmanes no borraron la sonrisa de su rostro cuando llegó a la base de los «cascos azules» británicos.

«Aquí se está bastante bien», dijo. «Mi mamá me puso muy nerviosa, me dijo que habría minas». Samantha Fox vino para una visita de dos días con el fin de levantar el ánimo a las tropas o para relanzar su titubeante carrera de cantante y modelo, según cómo se mire.

Se dio un rápido paseíllo para conocer la base, pasó por las cocinas, la lavandería y el centro médico, echó un vistazo también a la sala de operaciones, donde le dieron una larga charla oficial. Después diría: «He visto que las provisiones llegan a la gente. Desde el helicóptero he visto cómo estallaban algunas casas. Este país está lleno de pueblos: cada pueblo lucha contra el de al lado». ¿Y la visita a las tropas? «Los tíos parecen estar encantados».

Acompañada por un guardaespaldas, miraba a los soldados que tomaban el sol en los edificios prefabricados. Samantha, como si fuera uno de ellos, ni se inmutaba por las ocasionales ráfagas de los francotiradores, procedentes de una colina controlada por los musulmanes. Los soldados ya están acostumbrados: esa mañana, dos rondas de mortero habían alcanzado la base, pero a nadie parecía preocuparle demasiado. Las tropas británicas y sus vehículos son objeto de disparos al menos una vez al día, pero lo consideran trabajo de espontáneos, no ataques premeditados.

La base en sí sigue teniendo una vida apacible, a pesar de que los pueblos de sus alrededores son a menudo presa de las llamas. La reacción de los soldados a la visita de la Fox ha sido variada. Clive Shuttleworth, cocinero, se sentía decepcionado: «Se ha dedicado a desfilar por aquí y por allá. Sólo ha venido por el dinero».

Los soldados del Primer Pelotón de la Compañía A afirmaron que hubiesen preferido la visita de Linda Lusardi, una modelo lo suficientemente mayor como para poder ser la madre de muchos de ellos, pero que -según toda la tropa- posee mayores encantos que Samantha. El soldado Neil Sanderson dijo que la Fox infunde moral porque es alguien a quien todos conocen.

«Todo el mundo la ve en los periódicos, por eso fue agradable conocerla en persona», explicó. A última hora del día, en la parte de atrás del garaje de la base, los «cascos azules» veían una película de vídeo en la que Sarajevo ardía al ritmo de la canción «Nunca vamos a sobrevivir salvo que nos volvamos un poco locos». Los disparos y explosiones del televisor tenían su eco en los disparos y explosiones de los alrededores. La señorita Fox permanecía imperturbable. Tenía previsto pasarse por el gimnasio.

Su única preocupación, conseguir un espacio en la televisión. Saliendo a gatas de un blindado, preguntó: «¿Dónde está el coche? Tengo que retocar mi maquillaje si voy a salir en la tele».

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