El ganchillo está de moda

Qué fue de aquellos maravillosos bolsos de skay y polipiel? ¿De las batitas de nylon 100% con las que, si te encendías una cerilla, podías morir a lo bonzo? ¿De aquellas perlazas made in Taiwan con iridiscencias y desconchones? Pues nada, siguen en el mismo sitio.

La era Sepu ha vuelto reinventada, posmodernizada y vigorizada. Sí. Sus fans más acérrimas son Vicky y Magda de Suecia. Como os lo cuento, nenas.

Y si ellas se pirran por el ganchillo neopunk y la tachuela ochentosa como servidora, armaniadicta donde las haya, por un modelito de Giorgio, yo, también me reconvierto.

H&M, el parnaso de la moda escandinava, se ha implantado en plena Gran Vía madrileña con un megastore de 300 metros cuadrados y dos pisos en donde hace unos años, servidora, señora del barrio de Salamanca donde las haya, daba rienda suelta a sus bajos instintos: la cleptomanía, porque, ¿qué respetable dama como moi no mangó ni un triste coletero en el Sepu? Todas.

A mí me daba por los reposaplatos. Fíjate qué tontada. Pero tengo una vitrina que me ha quedado preciosa. Anoche, no hacía falta siquiera que te llevaras la chinchilla para ocultar las pruebas del delito. ¡Te lo regalaban!

Cómo son estos suecos. Bueno, te descontaban el 20% de la compra. Para una consumista nata, fetén.

Y si éste hubiera sido poco reclamo para una compradora sin escrúpulos, podía saciar mi curiosidad famoseril gracias a dos modelos de altura y dos actrices de supermoda. Laura Sánchez, sin Enrique, y Almudena Fernández, sin Cameron. Lástima.
Ellas seguro que encantadas: donde esté una buena tarjeta de crédito que se quite todo lo demás, aunque con un novio como Cameron hasta yo me replantearía quemar la American.

Iban vestidas de H&M, ose asé, como recién sacadas del programa Aplauso o de un catálogo temporada Otoño-Invierno 79/80. Pero es que ésa es la moda actual, ya sabéis, leggins verdes con zapatitos amarillos. Heavy, vamos.

Las actrices también acudieron al festorro solitas. Nawja Nimri, con un estilo muy Chanel y la Verbeke, con bomber de motera. Las cuatro como un mapache con tanto rímel. Servidora no está dispuesta a ser menos.

Yo cogí cuatro frasquitos y mi mummy otros tantos, en total: 17. ¡No tenían alarmas antirrobo!

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