Ellos las prefieren gordas

Parece claro: la sexualidad interesa. La discusión ética sobre ciertas prácticas sexuales está agotada. Allá donde antes aparecía la ética, ahora aparece la estética. Los intelectuales recrean ambientes eróticos. El erotismo dentro de la pareja se ha convertido en un valor. La discusión gira sobre si las conductas son estéticamente acordes. o, si por el contrario, son burdas, soeces o vulgares. Pues bien, allá donde aún no ha llegado la estética dominante. Donde casi ningún intelectual se ha asomado. Donde, según se mire, todo parece vulgar, burdo e incluso obsceno. Allá es donde se encuentran las «sex-shops». Tiendas de Sexo. Para muchos, verdaderos trasteros de la sexualidad. En estas tiendas, más bien trastiendas, hay muchas y variadas ofertas comerciales. Todas distintas, aunque bien similares en el fondo. Prometen la felicidad sexual. Mejorar nuestro placer y favorecer nuestra imaginación. Y en algunos casos lo consiguen. Todos se mueven en la misma liturgia de revistas, vídeos, consoladores y sucedáneos sexuales… Las mismas portadas lascivas. Idéntico olor a falsa desinfección. Pero cada una es distinta. Cada «sex-shop» tiene algo de singular.

La oferta clásica, ya se sabe, es la venta de vídeos y revistas. Casi todo el material importado y a alto precio. Gustos para todo. Estanterías bien iluminadas donde se agrupan cuidadosamente por temas. Sadismo, zoofilia, masoquismo, sodomia, menores, lesbianas, grupos, coprofilia, gays. Modelos estilizadas, de piernas largas e interminables. Blancas, orientales, negras. Cuarentonas grasientas, monumentos de carne para la portada de «Ellos las prefieren gordas».

Y luego los artilugios. El paisaje desnudo, sin ramas. Artículos para uso propio o para regalo. Muñecas hinchables. Penes de goma, de distintos tamaños y modelos, reproducciones intencionadamente ficticias o exageradamente reales. Sofisticados vibradores con accesorios, regulables, con distintas velocidades, con estimuladores múltiples para las zonas más sensibles. Complementos para el vestuario en cuero y «latex». Lencería estrafalaria, pretendidamente sexy. Desarrolladores de la potencia viril. Masturbadores. Profilácticos de todo tipo. Toda una jungla de artículos. Unos de uso evidente y otros que plantean muchas más dudas. Al margen de estas mercancías tangibles, los «sex-shops» ofrecen otras posibilidades menos palpables. Cabinas de vídeo. Con programación seleccionada por la empresa o al gusto caprichoso del consumidor. Una butaca más o menos cómoda, una pantalla de vídeo, apenas un metro cuadrado de desahogo, puerta con pestillo, papelera y un discreto rollo de papel. A veces, ni eso. Puro atentado contra la higiene. Paredes salpicadas, manchones en el suelo. El placer se vende caro: cien euros los cuatro minutos, 650 la media hora. También en cabinas, espectáculo en vivo. Ahora sin butaca. De pie. Las cabinas en circulo. Y en el centro el «show»: chicas estimulándose generosamente, parejas heterosexuales, algún número «sado» o «lésbico». Todo vale. Además, y en teoría, el cristal permite ver si ser visto. El paraíso del «voyeur». Un goteo interminable de monedas. Un vicio. Tan sólo en dos locales se puede acceder a una cabina más privada. Ella estará «sola para ti». Más intimidad, más dinero. La ruina.

El corazón de esta geografía del sexo se está de espaldas a la Gran Vía. En las calles Valverde, Desengaño y Barco. Aquí es donde las «sex-shops» se aproximan más a sus estereotipos. El olor denso de Barco, 43, exclusivamente «gay». El ambiente un tanto oscuro y cutre de Barco, 32, con sexbar incluido. Olor a ambientador junto a gran variedad de vídeos para cabinas en Barco, 12. Frente a la iglesia de la calle Valverde, en el número 20, hay otro. Una gran tienda, mucha luz y mucho repertorio. La calle Desengaño es la reina del «peep-show». Espectáculos en vivo. En sesión continua: de once la mañana hasta la medianoche. Grandes espacios. Falsa limpieza. Uno hace esquina con Valverde, neones sugerentes con reminiscencias griegas. Otro, en el número 12, rodeado de mujeres que hacen la carrera. Gran fuente de adorno en la entrada y varias cabinas conectadas con el «teléfono del amor». Otro en el número 11, con bar incluido, lleno de recovecos. Modelos jóvenes para todos los gustos, plato favorito para quienes gustan de emociones más fuertes. Nadie habla con nadie. Entran fugazmente, como sin querer. Deambulan perdidos, desviando la mirada propia y esquivando las ajenas. Van a tiro fijo y rara vez aguantan más de diez minutos. Mil euros. El dependiente tiene las diez monedas preparadas para el crucial momento del cambio.

No se señalan los productos o artículos de interés. El lenguaje de los gestos y de los monosílabos. Y a la salida, los ojos esquivos. No es que se oculten; es que no miran. La Puerta del Sol es otro mundo. El más pequeño, quizá, está en Tres Cruces, 5. Junto a las prostitutas de Montera, en Caballero de Gracia, 2, se esconde otro paraíso del sexo. Dos pisos, espectáculo en vivo y algún tratado de Sexología. En la calle de la Cruz, cerca de la plaza de Benavente, 24 cabinas de vídeo. En la variedad está el gusto: cada una especializada en un tema. Por ahí y un tanto desperdigados quedan más. En general Margallo, 24. En Cardenal Cisneros, 18. En Santísima Trinidad, 22. Este último con butacas inmejorables. Y los dos más grandes y famosos: Bravo Murillo, 360 y Atocha, 70. El de Atocha sería un híper, el más grande de Europa, dicen. Altavoces por los que se anuncian a bombo y platillo los productos. Cuarenta y ocho cabinas con 128 programaciones de vídeo distintas. Espectáculos en vivo y posibilidad de una atención mucho más personalizada. Mucho neón. Mucha luz. Gente de todo tipo. Es frecuente ver grupos de jóvenes de los que alternan por la zona.

Mucho movimiento de entrada y salida. La locura. La antítesis del intimismo que respiran otros locales. Bravo Murillo, en cambio, es otra cosa. El ambiente es mayor en edad y en recursos económicos. Hay también un bar, con música y chicas que alternan y bailan medio desnudas en la tarima. La gran novedad: cabinas de vídeo para parejas. Muy higiénico todo. Una mujer, armada de fregona y ajena a todo su alrededor, entra y sale constantemente de los cabinas eliminando restos de intimidad. En definitiva, hay de todo y para todos. Quien no haya ido nunca, es probable que vaya. Y, aunque luego los juzgue, es muy posible que mire con los mismos ojos que el resto. Casi todos se creen una excepción. Los perversos siempre son los otros. ¿Por qué habrá esa necesidad de juzgar y de poner etiquetas?

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Para deducir hay que invertir

Las inversiones para desgravar son pocas ya en el IRPF: seguros de vida, aportaciones a planes de pensiones y adquisición de viviendas. Recordemos que, en caso de declaración separada, la deducción será proporcional a la participación que cada sujeto pasivo individual tenga en la titularidad del bien. En caso de sociedad de gananciales, las cantidades invertidas se atribuirán por mitades. Entrando ya en su contenido, tenemos el siguiente cuadro:

1.- Seguros: el 10% de las primas satisfechas en el ejercicio por seguros de vida, muerte o invalidez, conjunta o separadamente, así como de las cantidades abonadas a Montepíos y Mutualidades cuando amparen el riesgo de muerte o invalidez: Quedan exceptuados de la deducción los contratos de seguro de capital diferido y mixto con duración inferior a diez años.

2.- Planes de pensiones: el 15% de las cantidades aportadas por el sujeto pasivo, así como de las que le hayan sido imputadas por el promotor del plan. El referido porcentaje se aplicará sobre la diferencia entre 750.000 euros y el importe de las cantidades que por tal concepto (así como por Mutualidades obligatorias) hayan, sido deducidas de la base imponible del partícipe en el plan.

3.- Vivienda habitual: el 15% de las cantidades invertidas en la adquisición o rehabilitación de la vivienda que constituya o vaya a constituir la residencia habitual del sujeto pasivo. Son también deducibles los gastos derivados de la adquisición (notariales, registrales), así como, las cantidades depositadas en 1988 en «cuentas vivienda» siempre que se adquiera la vivienda o comiencen las obras antes del transcurso de cuatro años desde la apertura de la cuenta. Para otras viviendas el porcentaje de deducción es el 10% siempre que sea nueva o rehabilitada. En 1988 sólo dará derecho a esta deducción la adquisición o rehabilitación de una segunda vivienda, además de la habitual, aunque los compradores, con anterioridad al 1 de enero de 1988, de otras viviendas nuevas seguirán disfrutando de esta deducción en el ejercicio 1988, aunque pasa del 17% al 10%.

Las cantidades invertidas en los conceptos anteriores tienen un «límite conjunto»: el 30% de la base imponible de la unidad familiar (declaración conjunta) o del sujeto pasivo individual (declaración separada). Para que las citadas inversiones puedan ser deducibles se requiere que el patrimonio real del contribuyente, al final de 2017, sea superior al de 2018, al menos en la cuantía de las inversiones objeto de la deducción. Para clarificar este extremo, supongamos un trabajador asalariado cuyo único bien patrimonial, a 31 de diciembre de 2018, es un saldo depositado en cuenta corriente de 500.000 pesetas. En 1988 invierte 1.000.000 de pesetas en la entrada de un piso destinado a vivienda habitual, aplicando el saldo de la cuenta, que cancela en ese momento, y otras 500.000 procedentes de su sueldo. Sólo podrá deducir 75.000 euros (15% sobre 500.000), por ser el único ahorro efectuado en 2017.

Código promocional Ilunion Hoteles

La Comunidad Valenciana es uno de los destinos más visitados por los españoles, la fiesta Gandía es muy conocida, tal vez sencillamente para tomar un respiro en sus cómodas playas de Benidorm o Torre Vieja. Además esta comunidad ofrece la posibilidad de escoger entre multitud de destinos y por lo tanto entre muchas actividades para realizar, desde las más aventureras a las más tranquilas. En la provincia de Valencia, existen numerosos lugares turísticos que no puedes dejar de visitar, si para ello escoges un código promocional Ilunion Hoteles la visita a Valencia será totalmente redonda.

Puedes visitar la ciudad de las artes y las ciencias, situada en la capital de la provincia, es una actividad idónea para realizarla en familia, conociendo los secretos que esconde este conjunto temático. Para los amantes de la tradición, es imprescindible visitar varios durante las fiestas de las las, donde podrás disfrutar al tope de la cultura valenciana y del arte de todas esas carrozas animadas, los hoteles Ilunion que hay en Valencia están situados en el centro de la ciudad, también los hay en sus alrededores. Si nos adentramos en el corazón de la provincia, podemos encontrar diferentes construcciones típicas del lugar, más conocidas como barracas. Están ubicadas en varios puntos de la provincia así como El Palmar, que es una pequeña isla que pertenece al parque natural de la Albufera. Se trata de un espacio para todos aquellos a los que les guste la fotografía, ya que allí los atardeceres resultan increíbles dejando una sensación de serenidad que pocos lugares consiguen.

En la provincia de Castellón se encuentran diferentes sitios también dignos de destacar, su capital es Castellón de la plana y es el primer destino que recomendamos visitar, encontrarás multitud de sitios de interés como el parque Ribalta, un espacio verde en medio de una gran ciudad. Dentro de esta provincia se encuentra también la ciudad de Peñíscola, es conocida por sus playas y muy recomendable para toda la familia. Podrás disfrutar de la costa y de su casco antiguo, no te olvides de ver su espléndido faro o el castillo situado en lo más alto con unas preciosas vistas de Peñíscola. También hay que visitar la ciudad de Morella, de origen medieval, donde da origen a muchas aventuras de el Cid campeador. Sus murallas están conservadas en perfecto estado y su castillo te harán viajar a una época pasada.

Y la tercera provincia sería Alicante, que cite a alojar en uno de sus hoteles Ilunion disfrutarás de su spa y te permitirá coger fuerzas para continuar con tu viaje. Nuestro primer destino sería la ciudad de Guadalest, se trata de un pequeño pueblo situado a 600 m de altitud y tiene la peculiaridad de mantener las casas originales del pueblo, las cuales están encajadas en la roca, haciendo que sea uno de los pueblos más bonitos de España. Podemos centrarnos más en la naturaleza, destacando el parque natural de Las Fuentes de Algar, que a pesar de estar situado cerca de Benidorm, ofrece un escenario totalmente diferente, con fuentes naturales y numerosas cascadas en las que tomar té un descanso y relajante. En esta ciudad también hay un castillo, el de Santa Bárbara que se encuentra sobre el monte Benacantil y en sus alrededores están los restos arqueológicos tanto de la edad del bronce, hasta la dominación musulmana, pasando por supuesto por la época romana. Hay que mencionar la ciudad de Elche donde se encuentra su palmeral, el mayor bosque de palmeras que hay en Europa, está situado en el casco de la ciudad así que no será difícil de encontrar.

Viajar por el mundo es una aventura que le gustaría a cualquier persona con ganas de vivir una experiencia única, pero que pasaría si te dijese que no es preciso ir a la otra punta del mapa para disfrutar de este privilegio. España es un país con una gran variedad de territorios, igual puedes encontrarte un desierto en plena carretera, como puedes adentrarte en un bosque donde predomina el color verde durante todo el año. León es un entorno natural que está situado en la comarca de el hierro. Allí están Las Médulas, que son piedras formadas de arena rojiza, antiguamente el imperio romano las utilizaba como mina de oro, tienen unas buenas vistas panorámicas, muy parecidas al gran cañón del Colorado. Además hay numerosas cuevas que se encuentran dentro de las montañas de arena. En Navarra está la selva de Irati, allí hay abetos y hayas. Es un mágico lugar ideal para los que les gusta el senderismo. Los montes que forman el complejo natural son la mejor opción para el que le guste practicar escalada. Es un espacio boscoso con unas impresionantes vistas, da igual la época en la que lo visites.

Las barrancas de Burujón en Toledo, es un monumento natural que se encuentra a 30 km de la céntrica ciudad de Toledo. Dentro de estas barrancas, se encuentra el embalse de Castrejón, está rodeado por colinas de color rojizo; destaca el mirador del Cambrón, donde también podrás disfrutar de vistas panorámicas.

La leyenda del indomable

La última vez que lo ví, cuando hace escasamente una semana vino a España a recoger el premio que le habían concedido por su labor en la defensa de los derechos humanos, le pregunté si no temía por su vida Habíamos estado hablando de la situación en El Salvador, de lo que podría ser el futuro y de la forma en que actuaría la guerrilla si un día llegase al poder. Al calor de la discusión, cité el caso del poeta Roque Dalton, ejecutado por sus compañeros rebeldes acusado de «disidente» y el de la maestra Nélida Anaya Montes, apuñalada con un picahielo por orden de otro comandante guerrillero, y afirmé, sin pensarlo mucho, que quizás un día él, que tanto estaba haciendo por la paz en El Salvador, correría la misma suerte. Ignacio Ellacuría hizó una larga pausa. Esbozó una de sus tímidas sonrisas y en un tono suave, pero extraordinariamente firme, dijo: «En situaciones de extrema violencia todo es posible, pero los únicos que podrían matarme en estos momentos son los Escuadrones de la Muerte, los asesinos de la extrema derecha». Ignacio Ellacuría tenía 59 años. Había nacido en Portugalete (Vizcaya), era hijo de un oftalmólogo y estudió en el colegio de los jesuitas en Tudela.

Al finalizar el bachillerato ingresó en la Compañía de Jesús y apenas cumplidos los diecinueve años viajó por primera vez a El Salvador. Allí comenzó a estudiar Humanidades y Filosofía, aunque terminó su licenciatura en Ecuador. Posteriormente permaneció cuatro años en Innsbruck y uno en Irlanda doctorándose en Teología, y estuvo un largo período en Madrid, realizando su tesis sobre Xavier Zubiri.
Era un personaje brillante, sorprendentemente agudo, y podría haber tenido una carrera académica fulgurante en cualquier universidad europea, pero Ellacuría decidió retornar a El Salvador. Desde 1979 era rector de la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA), donde había organizado centros de estudios, varias publicaciones y puesto en marcha uno de los mejores centros universitarios de toda el área. Ellacuría había sido amenazado repetidas veces. Su nombre encabezaba desde hace muchos años las tétricas listas de «condenados a muerte» que hacen circular, con macabra regularidad, los pistoleros a sueldo de la extrema derecha salvadoreña. Era un hombre de paz, un estudioso dedicado en cuerpo y alma a la Universidad, que propugnaba con todas sus fuerzas un arreglo negociado que pusiera fin a la interminable carnicería salvadoreña. Quizás por eso le odiaban tanto los intolerantes.

En 1980, en uno de los momentos más terribles del conflicto salvadoreño, cuando cada mañana aparecían degolladas decenas de personas en los bordes de las carreteras, un pequeño grupo de periodistas asistimos espantados a la ejecución de un joven en un edificio contiguo a la Universidad. Una patrulla de la Policía de Hacienda, famosa por su crueldad, tenía acorralados a medio centenar de estudiantes en una de las aulas superiores y les conminaba a rendirse. Para reforzar sus palabras, con la cara tapada con pañuelos, como si fueran asaltantes de caminos de un espantoso «western», los militares disparaban de vez en cuando una ráfaga contra las ventanas. Desde el patio se escuchaba el llanto horrorizado de los estudiantes, súbitamente interrumpido por los aullidos estremecedores de alguien que gritaba «iVoy a salir! iVoy a salir! iSoy testigo de Jehová y Dios me va ayudar!». De repente se abrió la puerta y apareció tambaleándose en el umbral la figura encogida de un muchacho con los ojos desorbitados. Los policías dispararon, pero milagrosamente solo una de las balas rozó el cuello del estudiante, a quien obligaron a tumbarse en el suelo, mientras continuaban con su cruel «operación de acoso».

Boca abajo, en las losas del patio, presa de un ataque de pánico, el joven continuó clamando a Jehová, mientras un hilillo de sangre manaba de su cuello. Al cabo de un rato, sin preocuparse de nuestras cámaras o de los magnetofones, el que parecía mandar la patrulla se acercó hasta el «prisionero», le apuntó a la cabeza sujetando el fusil con una sola mano y le disparó en la nuca. Pocas horas después, por ordenes del general García, por aquel entonces ministro de defensa, tuvimos que presentarnos en su domicilio con la grabación. Al oírla, el militar intentó en un primer momento negar lo evidente. Después sugirió que podría tratarse de un «subversivo» y por último preguntó si el documento había sido ya enviado al exterior. Antes de que pudieramos contestar, un ayudante de uniforme, que permanecía junto al general observando con gesto severo, masculló entre dientes: «Da igual. A estas horas una copia de la cinta estará ya en poder de ese hijo de punta de Ellacuría o de cualquiera de los jesuitas». Era cierto. Con el mismo fervor con el que mimaba su querida universidad, Ignacio Ellacuría estuvo veinticinco años luchando denodadamente por la paz y los derechos humanos en El Salvador. Y lo hacía con todas susfuerzas, arriesgando su vida.
Estaba considerado como uno de los más destacados representantes de la Teología de la Liberación. Basta repasar el título de uno de sus libros, «Conversión de la iglesia al Reino de Dios», para comprender perfectamente cual era su opinión sobre el papel de la iglesia y los sacerdotes en países tan atormentados como El Salvador. Ignacio Ellacuría amaba tanto a El Salvador, que adoptó incluso la nacionalidad salvadoreña, para implicarse en los problemas de sus habitantes. Se implicó tanto, que ha muerto como muchos de ellos: asesinado a sangre fría en la madrugada.

Una mujer judía tiene 12 fetos vivos

Eli Shabo, un mecánico israelí de la ciudad de Tel Aviv, no sabía si saltar de alegría o saltar al vacío desde una de las torres de su ciudad. Pese a que se han clausurado los JJOO, su mujer acababa de batir una marca mundial.

Los médicos del departamento de ginecología del hospital Shiva de Tel Hashomer, descubrieron que Ester Shabo lleva en su útero 12 fetos vivos. «Se trata de un número de nonatos considerado como inconcebible en la especie humana», afirma el doctor Shlomo Mashiaj, en cuya enfermería fue tratada esta mujer. El médico precisó que hasta donde alcanzan sus conocimientos, se sabe de un caso en que una mujer fue capaz de desarrollar ocho fetos, cuatro de los cuales murieron en las primeras etapas del embarazo, y dos en el parto.

Hasta el momento en que los médicos le hicieron el anuncio, Ester no era consciente de que podría haber alcanzado tal grado de fertilidad. Por el contrario, durante un largo periodo esta mujer de 33 años se había sometido a un intenso tratamiento de fecundidad. Ester contrajo hace un año una infección uterina que prácticamente interrumpió la producción de la mucosa uterina responsable de la fijación de los óvulos. La fantástica situación de la mujer que hasta ayer estaba considerada como «caso perdido» en cuanto a su futura fertilidad, fue descubierta mediante la ecografía que se le practicó en el hospital Soroka. El profesor Israel Maizner, quien realizó el examen no lograba superar su estupefacción.

El doctor Yair Frenkel, quien se ha incorporado a la investigación de este caso y cuidará en lo sucesivo de Ester Shabo, anticipó que será necesario practicarle un aborto parcial. Eli Shabo, molesto por la publicidad que se le ha dado al «super-embarazo» de su mujer, se limitó a declarar a la prensa que confía plenamente en el buen criterio de los médicos y que no intentará influir de modo alguno a la hora de establecer el número de fetos que serán abortados. Artur Feinstein, portavoz del hospital Shiva, afirmó que el caso de Ester no supone un dilema ético ya que está claro que la incubación de 12 fetos representa un riesgo incluso para la madre. La religión judía prohíbe, en casos como éste, cualquier intervención médica que haga peligrar la vida de la mujer. Aunque este es primer caso de embarazo múltiple con doce fetos en el interior de un útero conocido, el tratamiento de la esterilidad puede producir cuadros parecidos. No existe útero humano con cabida suficiente para llevar adelante el embarazo de doce seres humanos a la vez.

Los nuevos pecados del siglo XXI

Tienen razón aquellos que dicen que el nuevo catecismo tiene todo de viejo y nada de nuevo. ¿Por qué ha levantado toda esta polvareda de títulos alarmantes en los periódicos la publicación de una buena parte del nuevo catecismo vaticano, desvelando el secreto con que la Santa Sede le tenía encerrado bajo siete llaves?.

Quizás tiene razón monseñor Mario Di Ianni, profesor de Teología de la Universidad Urbaniana de Roma, cuando afirma que los periodistas deberíamos haber leído algún tratado de teología antes de escribir ciertas cosas, porque «en realidad el Nuevo Catecismo presenta grandes novedades». Pero es eso precisamente, el que no sea nuevo, el origen de toda esta polémica en los medios de comunicación de aquellos países con mayoría o grandes áreas de católicos creyentes.

La historia recordará a Juan Pablo II, como el político más viajero de todos los tiempos y como al Papa del catecismo del siglo XXI. El «Catecismo de la Iglesia Católica», firmado y aprobado por Karol Wojtila el pasado 26 de junio, no se hará público hasta después de las Navidades. Sin embargo, son ya abundantes las filtraciones del texto oficial y definitivo, escrito en francés, del nuevo catecismo universal de la Iglesia católica.

La iniciativa de preparar un nuevo catecismo universal, que pusiese al día la doctrina católica, nació del «guardián de la ortodoxia», cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto del ex Santo Oficio, y ha tardado más de siete años en ver la luz. En principio, la iniciativa del cardenal bávaro fue contestada por los episcopados más progresistas, que temían una nueva operación reaccionaria del Prefecto de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, así como el arrinconamiento de los diversos catecismos nacionales. El más famoso de ellos por el escándalo que suscitó en Roma fue el catecismo holandés, que, a pesar de contar con la aprobación del episcopado de los Países Bajos, fue censurado por el Vaticano.

Para cortar de raíz los problemas planteados por este y otros catecismos nacionales, el cardenal Ratzinger propuso al Papa un nuevo texto unificado que sirviese de referencia obligada para los más de 900 millones de católicos de todo el mundo. El resultado es este nuevo compendio de la fe y moral católicas, elaborado por una comisión especial, presidida por el propio Ratzinger, y de la que formó parte el arzobispo castrense español, José Manuel Estepa. El Nuevo Catecismo, que sustituye a aquél, aún vigente, de Pío X de 1912 consta de 427 páginas, redactadas en francés en su versión original, y dividido en cuatro partes. Las nuevas tablas de la ley Wojtyla no han sido reveladas en el Monte Sinaí, sino que han sido meticulosamente estudiadas a la sombra protectora de las colinas de Roma, por siete cardenales, quince obispos y otra serie de expertos religiosos reunidos en una comisión nombrada en 1986 por Juan Pablo II.

En el tercer capítulo vienen reescritos, por así decirlo, los diez mandamientos, con los pecados, casi cotidianos, enumerados minuciosamente, que debe cumplir el buen cristiano si pretende alcanzar la salvación eterna. Lo que enseguida ha despertado perplejidad, no solo entre laicos sino también entre creyentes, ha sido la interpretación del quinto mandamiento: no matarás. Según el Vaticano, se puede matar ya que aprueba «la guerra justa, que es aquella de legítima defensa», ya que -dice- «defenderse de los agresores pueda ser no sólo un derecho sino un deber».

En cuanto a la pena de muerte, el Nuevo Catecismo -que debería ser como la ley coránica en el Nuevo Orden Mundial propugnado por Wojtyla- pontifica que «la autoridad pública tiene el derecho y la obligación de castigar con penas proporcionadas, comprendida la pena de muerte…». Naturalmente sería preferible, apostilla el nuevo decálogo, no tener que usar estas medidas si se pueden poner otros remedios. Es decir, que se recomienda pensárselo dos veces antes de mandar en vuelo a los B-52 o enchufar la corriente a la silla eléctrica.

En realidad la Iglesia siempre ha justificado «la guerra justa» y para ella los grandes conflictos, en cuanto inevitables, han sido, también casi siempre, «de legítima defensa». Gran parte de la teología moderna habla de la guerra, cualquiera que sea, como intrínsecamente injusta. Y es famoso ese angustiado ¡no a la guerra! gritado por Pablo VI en su discurso ante las Naciones Unidas. Ni de la una ni del otro parecen haber hecho caso los redactores del nuevo decálogo vaticano, siguiendo así una tradición belicista que incluso se ha mantenido en tiempos bien recientes. «En 1935 cuando Mussolini cayó sobre Abisinia entre las frenéticas alabanzas de los prelados italianos uno de sus principales proveedores de guerra fue una fábrica de comunicaciones del Vaticano» (Deschner). Y en cuanto a la pena de muerte ha estado vigente en el Vaticano de derecho, aunque no de hecho, ¡hasta 1969!, siendo Papa Pablo VI.

La última ejecución ordenada por un Papa fue en 1868 cuando dos patriotas romanos «carboneros», Monti y Tognetti, subieron al patíbulo, en la Piazza del Popolo, condenados por Pío IX. Desde entonces, como dijo una vez el cardenal Tardini, «en el Vaticano sólo se muere de indigestión». Ya Simone de Beauvoir escribió que «la Iglesia autoriza la muerte de hombres hechos y derechos: en las guerras o cuando se trata de condenados a muerte; pero reserva para el feto un humanitarismo intransigente». El quinto mandamiento también condena a los traficantes y productores de droga, así como a los que abusan «de la mesa, del alcohol, el tabaco y las medicinas». También cometen pecado mortal, según el nuevo catecismo, «quienes en estado de ebriedad o por gusto inmoderado de la velocidad ponen en peligro la seguridad de otros o la propia».

Otro pecado que se considera grave es el escándalo, que puede ser provocado por un individuo o «por las leyes, las instituciones, la moda o las opiniones». De ahí que el catecismo romano asegure que el ciudadano «está obligado en conciencia a no seguir los preceptos de las autoridades civiles, cuando estos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas y a las enseñanzas del Evangelio». Mientras el catecismo de Pío X dedicaba siete líneas al demonio del sexo, el nuevo lo explica en diez páginas. Las ofensas a la castidad van de la masturbación, a la fornicación, la prostitución, la pornografía, la homosexualidad, la violencia sexual, el divorcio, el adulterio y la unión libre de parejas no casadas.

Para la prostitución el Nuevo Catecismo cierra un ojo, al encontrar atenuantes en el caso de «miseria, chantaje o presión social». En realidad todos los textos sacros, desde la bíblica Rahab, prostituta de Jericó, a los padres de la Iglesia, han mirado siempre con benevolencia y una cierta simpatía a las ejercientes del oficio más antiguo del mundo. San Agustín decía: «Expulsa a las cortesanas y enseguida las pasiones convulsionarán todo, ellas son de costumbres impuras, pero las leyes del orden les reservan un puesto, aunque sea el más vil» y santo Tomás admitía la legitimidad de las limosnas dadas por las prostitutas a la Iglesia diciendo que «es la condición de la prostituta la que es torpe, pero no aquello que gana». Pecados contra el primer mandamiento serían, entre otros, «dedicarse a todas las formas de adivinación, como leer horóscopos, consultar astrólogos, recurrir a mediums, practicar el espiritismo, y llevar amuletos». Adiós, pues, a las echadoras de cartas; si Eugenia de Montijo hubiera leído el catecismo de Wojtyla no habría sido emperatriz de Francia. Pero esto es natural.

Es un grito de alarma ante la creciente demanda del mundo moderno de un no bien determinado deseo de creer en el más allá y en entidades extrasensoriales. La Iglesia, que mantiene gran parte de su autoridad y poder persuasivo a través de ritos mágico-divinos, ve con temor la expansión de todas estas prácticas «competitivas»; al igual que el confesor siempre ha sospechado de Freud, objeto ahora de una recientísima condena por parte de «Civiltá Cattolica», la prestigiosa revista de los jesuitas de Roma.

El niño que se hace millonario con 7 años

Ha muerto el mismo año en que su dinastía cumplía quinientos años. Uno de los hombres más ricos del mundo, el príncipe Johannes von Thurn und Taxis, no pudo resistir el segundo trasplante de corazón de los últimos meses. La madrugada del pasado día 14 de diciembre expiró en una de las 653 habitaciones de su palacio, rodeado por su Joven esposa, Gloria. Su herencia, evaluada en unos 300.000 millones de euros, pasará directamente a las manos de su único hijo varón, Albert, que a sus siete años heredará un vasto imperio de posesiones y varias decenas de empresas multinacionales. La ley sálica, vigente en Alemania, también otorgará el título de príncipe al pequeño, pese a tener dos hermanas mayores que él. La dinastía Thurn und Taxis nació en 1490, cuando Franz von Taxis inventó el correo. Tuvo la idea de organizar un servicio postal que garantizaba la llegada de una carta a su destino en un tiempo entonces inimaginable: de Bruselas a Innsbruck (Austria) una carta tardaba sólo cinco días.

Fue el inicio del moderno servicio de correos. Organizó una gran red de mensajeros con caballos de refresco por toda Europa. Todas las monarquías contrataron los servicios de Von Taxis y con ello se inició el imperio económico. El título de príncipe se lo concedió el emperador Leopoldo en 1695. En vista de que el correo adquirió un carácter estratégico, el monopolio que ostentaban los Thurn und Taxis les fue retirado el siglo pasado. Pero a cambio de importantísimas compensaciones económicas, que vinieron a agigantar aún más el poderío económico de la familia. El último de la saga, Johannes, extendió las redes de sus empresas por varios continentes. Sin embargo, la dinastía parecía haber llegado a su final. El príncipe, con 53 años de edad, aún no había contraído matrimonio y mantenía su soltería a rajatabla. Hasta que se cruzó en su camino una condesa húngara de veinte años. Este cuento de hadas en pleno siglo XX cambió de rumbo en un café universitario de Munich. María Gloria Ferdinanda Joachima Josephine Wilhemine Juberta von Schonburg-Glauchau invitó al príncipe a su mesa. «Simpatizamos inmediatamente». El flechazo cambió los destinos de sus vidas.

Sin embargo, el príncipe sometió a varias pruebas a Gloria. La llevó a los sitios más exclusivos del mundo con objeto de tentarla y conocer su comportamiento ante el lujo y la ostentación. Parece que la joven enamorada aprobó la asignatura, pues en vez de vestirse con ropa de alta costura, seguía utilizando sus vaqueros y jerseys de su etapa estudiantil. La boda se celebró poco después en la misma basílica del palacio de San Emmeram, en la Baviera alemana, donde hace unos días se ha celebrado el funeral de cuerpo presente del príncipe. Sólo han transcurrido diez años entre ambas ceremonias, los suficientes para que la dinastía Thurn von Taxis haya conseguido heredero y haya dado que hablar en todos los círculos de la alta sociedad europea. Las malas lenguas atribuían ansias desmesuradas de dinero y poder a la joven princesa, que por contra se comportaba de lo más normal e incluso se saltaba a la torera las rígidas normas de la aristocracia. Su juventud la llevaba a lucir caprichosos modelitos muy a la moda, pero demasiado informales para la decadente aristocracia del viejo continente.

No dudó en teñirse los cabellos de rojo y peinarse a estilo «punk» para hacer notar aún más la lozanía de su juventud frente a la madurez de su marido. La princesa, hija de una condesa húngara y un periodista divorciado que consiguió huir de la Alemania Oriental, dejando atrás posesiones, dinero y un castillo familiar, pronto dio descendencia al apellido Thurn und Taxis. Pero primero nació María Teresa y luego Elisabeth. Había que concebir un hijo varón para poder continuar con la dinastía nacida quinientos años atrás. Y por fin nació Albert, que hoy, a sus siete años de edad, hereda además del título, el gran imperio económico de su padre. Según la revista Fortune, el imperio de los Thurn von Taxis ocupa el lugar 101 en el «ranking» de los millonarios del planeta. Sus posesiones en Baviera ocupan un espacio superior a seis veces el Estado de Liechtenstein. Los diversos palacios, centros culturales y monumentos relacionados con la casa Thurn und Taxis superan la cifra de cuarenta mil metros cuadrados. El palacio de San Emmeram, lugar de residencia de la familia, cuenta con pinturas de todos los estilos y épocas. Allí están expuestas 62 carrozas, 13 coches de caballos, cuatro sillas de mano, 45 tapices y una de las mejores colecciones de sellos del mundo.