Katy Perry se pinta el pelo con tizas de colores

Cómo es posible que celebridades como Christina Aguilera o Katy Perry cambien de tono de pelo con más frecuencia que de bolso? Las pelucas tienen mucho que ver, pero también las tizas de colores. Ehair chalking (chalk, en inglés, significa tiza) es la práctica más trendy demomento: versátil, económica, sencilla de aplicar y desaparece con elavado.

Prada y Jean PauGaultier ya la tantearon en sus desfiles de otoño-invierno 2012/2013, RacheMcAdams la aplicó en la alfombra roja de los Screen Actors Guild Award, AvriLavigne la subió aescenario y P!nk la luce en su último vídeo, Try. Hasta Chaneha jugado con epelo de colores en su colección crucero 2012/13. Este tinte resulta ideapara experimentar y elegir la combinación más loca defin de semana: reflejos púrpuras, mechones verdes, puntas cobalto… Elunes, en etrabajo, ejefe no sospechará que esábado brillaba un arcoiris en nuestra melena.

os tonos que están más de moda son los pasteles, pero para crear un efecto vanguardista es preferible usar colores básicos (azul, amarillo rojo…) en bloque, tay como aconseja epeluquero valenciano Josep Navarro. Euso de tizas con fines estéticos no es una ocurrencia de nuevo cuño. En la Antigua Roma, tras ebaño, las mujeres se aplicaban blanqueador faciarealizado a partir de polvo de este material, y los nobles franceses empolvaban sus pelucas con tizas para infundirles brillo. En esiglo XXI, ha sido Lauren Conrad, celebrity televisiva por obra y gracia de los realities de MTV, la que ha despertado una atención renovada a través de su web the Beauty Department. En nuestro país einterés está latente, pero todavía no ha eclosionado. «Salvo en la fotografía y la moda: los diseñadores nos piden pelos de colores con efectos empastados. Mediante la técnica deengominado, ya sea con tiza o aguacolor, damos pigmento cromático acabello», explica Navarro.

n emercado empieza a haber productos profesionales, como los disponibles en haircolorchalks.com o la línea diseñada por eestilista australiano Kevin Murphy, Color Bug, pero la materia prima más accesible para iniciarse en ehair chalking son las tizas pastepara artistas, disponibles en papelerías. «Las tizas de calle no valen, porque no se fijan», advierte Fermín Barril, quien afrente de su equipo Fermín Peluqueros combinó esta coloración con trenzas en la BridaFashion Week de Oviedo.

Hay que consultar apeluquero si nuestro cabello está en buenas condiciones para aplicarle tiza (¡reseca mucho!)
Un par de guantes y una toalla evitarán que nos manchemos las manos y la ropa.
Para que ecolor se fije, es preciso retorcer epelo mientras se aplican las tizas.
«Utiliza un sérum o un aceite de argán para hidratar los mechones o las puntas teñidos. Después, humedece ligeramente ecabello y ve repasando la tiza hasta alcanzar la intensidad deseada», dice Barril.
Un toque de laca fijará la tiza e impedirá que esta se espolvoree.
«Para retirar ecolor, lava epelo con un champú de ph neutro. Después, aplica una mascarilla para reparar los daños producidos por epolvo», advierte Navarro.

Katy Perry se pinta el pelo con tizas de colores

Los Rolling Stones ordinarios y barriobajeros

Mientras el infiel José Angel Serrano me fustigaba con el látigo de su indiferencia, negándome la entrada al concierto de los Stones, a pesar de la amistad que desde tiempo atrás decía existir entre los dos, me fui en plan selecto, elitista y así, al cóctel de inauguración de la Zapatería Geox, marca italiana que comercializa el prestigioso y peculiar zapato que respira, genial idea de Mario Moretti Polegato -Empresario Italiano del Año 2002-, a quien tuvimos el honor de saludar.

La verdad, querido Serranito, es que desde su formación, los Rolling me parecieron estéticamente burdos, canallas y barriobajetas, y su música un tanto ordinaria cuando se pasaron al rock & roll. Lo que verdaderamente les gustaba al demacrado de Mick Jagger y sus compinches, antes de bañarse en multitudes (puro marketing), era el rythm’n’blues y el viejo jazz. ¡Ay!

Posiblemente las malas compañías -que dicen los moralista jesuíticos- malograron la autentica línea del grupo. Puede ser que Andy Warhol fuera uno de los malvados instigadores de tal felonía. Quién sabe. Menudo bicho materialista era el julay.

Así que, sin pensármelo dos veces, recomendado por la encantadora Eva Sigüenza, fui a reunirme con el citado Moretti, inventor del Geox, el zapato que respira, como se ha dicho antes, y a saludar a la titular de la franquicia Osane Zubiri, a la que le sobra tradición zapatera en la Villa, y a su hija Nagore Moragues y a la encargada de la magnífica tienda, Jokiñe Otazua.

El nuevo espacio es elegante, un salón de corte esencial, geométrico, minimalista, con todo lo necesario para hacer agradable el paso y estancia del cliente, y la prueba, claro.

Durante la inauguración tuvimos el placer de degustar los vinos de Villa Sandi, prestigiosa bodega italiana de la familia Moretti. Mario, por casualidad descubrió el «truco» que le ha llevado a facturar 150 millones de euros en el 2002, en un total de 50 países donde comercializa este genial invento.

Al cóctel inaugural asistió un grupo selecto de invitados; o sea, el alcalde Iñaki Azkuna y varios concejales, entre ellos, José Manuel Uribarri, y Ricardo Barkala, el pintor surrealista Benedicto Martínez e Isabel Lete, presidenta del Club de Capitanes de Yate de Bilbao. El zapato Geox, evidentemente, es mano de santo para aquellos a los que les sudan los pinreles.

Los Rolling Stones ordinarios y barriobajeros

Coches fetiche como Aston Martin o Maserati

A Carroll Shelby le habría gustado prolongar sus años como piloto de carreras. Pero un amago de infarto precipitó su jubilación de los circuitos y le hizo reinventarse como diseñador de deportivos tan célebres como el Cobra o el Shelby Mustang.

Al volante ganó varios títulos y se impuso en 1959 en las 24 horas de Le Mans. Pero su fama se disparó gracias a sus logros como constructor. Sobre todo después de batir a Ferrari en el Mundial de 1965.

Shelby falleció en Dallas. Los achaques no le habían apartado de la industria ni le habían llevado a aflojar un tren de vida prodigioso. Cortejó a actrices y empleadas por igual y coleccionó una suma interminable de divorcios que puso a prueba la profundidad de su cuenta corriente.

Shelby nació en 1923 en Texas. Allí habría llevado una vida apacible como criador de pollos si no fuera por la II Guerra Mundial. Entonces se enroló como piloto y trabó amistad con un amigo, que le dejó probar un MG en 1952. Aquel encuentro supuso una epifanía para Shelby, que arrancó una carrera fulgurante que le llevó a competir primero en equipos amateur y enseguida en escuderías profesionales como Maserati o Aston Martin.

Shelby se hizo célebre por su talento al volante, pero también el peto de rayas con el que ganó todos sus títulos. «Recuerdo que tenía que competir en una carrera», recordaba hace años, «hacía mucho calor y ni siquiera me molesté en cambiarme». A piloto le habían diagnosticado un soplo de niño y era consciente de sus problemas cardiovasculares. Intentó seguir en activo y llegó a competir en Laguna Seca con una pastilla de nitroglicerina bajo la lengua. Pero ese mismo año emprendió una jubilación anticipada que le llevó a iniciar una exitosa carrera como constructor.

Su sueño era diseñar un deportivo capaz de derrotar a los bólidos europeos y la oportunidad se presentó de la mano del fabricante británico AC Bristol, en cuya carrocería instaló Shelby un poderoso motor Ford para crear el Cobra con el que derrotó en 1965 a Ferrari. «Carroll se moría por derrotar a todos los europeos en Le Mans», recordaba uno de sus empleados, «quería demostrar a aquellos europeos pijos que un granjero de pollos podría batirles en su propio terreno».

Los Cobra derrotaron a Ferrari en el Mundial de 1965. Pero su éxito se fue diluyendo y sus deportivos dejaron de ser rentables por los precios de las pólizas. Así fue como Shelby se alejó por un tiempo del sector a principios de los 70 y se centró en hacer caja anunciando una salsa picante e invirtiendo en un negocio de cacerías africanas. Chrysler lo repescó como asesor en 1982 y hace unos años volvió a Ford para diseñar una versión mejorada del Mustang para el centenario de la compañía.

Carroll Shelby, piloto y constructor de coches de carreras, nació en 1923 en Leesburg (Texas, EEUU) y falleció el 10 de mayo de 2012 en Dallas (Texas, EEUU).

Coches fetiche como Aston Martin o Maserati

Las tiendas de lujo te hacen sentir bien

De pequeña iba de compras con mi madre a menudo. Había una tienda legendaria en Manhattan, Charivari. Me daban un globo, cuidaban de mí, conseguían que no me aburriera. Mi madre dialogaba con una asesora de imagen. Y yo pensaba: aquí hay algo que hace que todos se sientan bien, y es emocionante”. Lo cuenta Alison Loehnis, recién nombrada presidenta del grupo Net-a-Porter, desde sus oficinas en Londres, donde trabajan 850 personas.

Esta web de lujo representa todo lo moderno, decadente y ligeramente trastornado de la moda en el siglo XXI. Cuando se lanzó, en junio de 2000, parecía una locura que las fashionistas compraran online. Pero, poco a poco, Net-a-Porter les enseñó a ir de shopping desde el sofá, en cualquier momento.

Es una persona calmada: habla suavemente y parece reflexiva. Lejos de la imagen de ejecutiva agresiva, esta neoyorquina de 45 años resulta menos mujer alfa y más chica inteligente y competente. Fue nombrada presidenta del grupo el 5 de octubre del año pasado, lo que la hace responsable de Net-a-Porter; de su filial masculina, Mr. Porter; de su web de artículos rebajados, Outnet, y de su revista, Porter. ¿Su nuevo rol implica mucho más trabajo? “Supone una perspectiva muy amplia, depende de cómo lo veas”, dice, “y es apasionante”. Empezó a trabajar en Net-a-Porter como vicepresidenta de Márketing y Ventas en 2007, cuando la moda online aún no había calado en nuestro subconsciente. Natalie Massenet, fundadora y entonces presidenta ejecutiva de la web, la fichó cuando estaba en la marca de camisas de lujo Thomas Pink.

Net-a-Porter fue el sueño de Massenet: comenzó en su piso de Chelsea, almacenó las bonitas cajas negras de los envíos en su bañera e hizo todo lo necesario para triunfar. En 2001 convenció a Roland Mouret para que vendiera su prestigiosa marca en la web, una jugada que animó a otros a hacer lo mismo. Pero el 2 de septiembre de 2015, un mes antes del nombramiento de Loehnis, dejó la empresa. Lo hizo justo antes de su fusión con la italiana Yoox. Esta la compró al grupo de inversión Richemont, que en 2010 había adquirido parte de las acciones de Massenet. Se pagaron 1.250 millones de euros por la operación.

Puede que Net-a-Porter dictamine cómo compramos y represente el futuro de la moda. Pero en 2014 tuvo unas pérdidas de 13 millones de euros. Yoox (un outlet online menos preocupado por el prestigio y el envoltorio que por los resultados) ha conseguido beneficios prácticamente desde que se lanzó, también en 2000. Parece que pueden tener expectativas diferentes. “Mi reto es hacerlo lo mejor posible”, dice Loehnis, “siento responsabilidad hacia los 2.500 trabajadores del grupo, nuestras marcas y los clientes, eso me da energía”.

Usa un lenguaje cien por cien corporativo. Creo que en parte se debe a que esta entrevista la pone un poco nerviosa. Cuando utilizas los términos de la empresa, te escondes tras unos cuantos mensajes bien ensayados, detrás de un guión. Pero en su caso también lo hace porque es su perfil habitual. Llegó a la moda, a Thomas Pink y luego a Net-a-Porter, después de haber pasado por la publicidad, el sector editorial, Disney y una agencia de medios. Ver “desafíos” en lugar de “una eterna espiral de potenciales desastres”, y sentirse “recargada” en lugar de “asfixiada por el estrés y la cafeína” es su forma habitual de hablar.

¿Nunca se siente desbordada?, pregunto. “Todos tenemos días así. Yo lo gestiono siendo organizada. Me gusta contar con un plan”, contesta. Hace muchas listas, asegura, y se envía emails a sí misma. Pero duerme bien.

Cuando hablamos sobre qué tipo de jefa es, se zambulle en un discurso sobre lo democrático que resulta Net-a-Porter. Vale, ¿pero escribe “besos” al final de sus correos? “En los de trabajo, no. No me parece una buena idea”. ¿La gente le tiene miedo? “Espero que no”, contesta.

Se anima cuando la invito a contarme el impacto cultural que tiene Net-a-Porter. Hablamos, por ejemplo, de las vino en punto: la hora a la que se reciben más pedidos porque… todo el mundo compra bajo los efectos del alcohol, digamos. “No diría que compran ebrios”, responde, “pero existe ese tiempo al final de la jornada, con amigos, el móvil en la mano…, ¡y dan las vino en punto!”. ¿Somos más atrevidos entonces? “No se suele comprar un sujetador deportivo, sino algo más aspiracional”, replica.

Le pregunto qué busca en internet en los momentos de pausa. “Aquí también miramos moda”. ¿De verdad? ¿No es como hacer los deberes? “La gente me pregunta si no me canso de la ropa. La respuesta es no. Cuando era adolescente, trabajé sirviendo helados. A la semana de empezar no podía ni mirarlos. Pero este no es el mismo caso”. Aún recuerda su primera compra en Net-a-Porter: “Un vestido camisero de Chloé. Hace 13 años. Todavía lo tengo”. ¿Y hace shopping a las vino en punto? “Desde luego”.

Me intereso por la falda que lleva. La mira y me dice la marca y cuánto cuesta sin pensar. ¿Sabe el precio de todo? “No. Sería demasiado. Hace poco alguien me dijo: ‘Me he comprado la chaqueta de Altuzarra’. Yo no sabía cuál era. ‘¡Claro que lo sabes!’ Pero no. Eso ya sería un poco raro”.

“En mis ratos libres también busco moda ‘online’. Me preguntan si no me canso de la ropa. La respuesta es no.”

Las tiendas de lujo te hacen sentir bien

Sodoma, Gomorra y los famosos

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Cantaba Sarah Vaughan que hay que vivir hasta que a una se le acabe la vida y Marilyn, que el sexo forma parte de la naturaleza y que hay que llevarse de maravilla con el mundo natural. Servidora, que es de personalidad mimética, aquí está, como una monilla. Viva, coleando y sin pareo.

Y no como Eugeñita Martínez de Irujo, que parece Sally Field en No sin mi hija, siempre que sustituyamos «hija» por «mi toalla en la cadera, que tengo celulitis pese a que me liposucciono cada lunes y cada martes, pero tengo un metabolismo que la madre que lo parió y una madre que me va a dejar esperrengada viva como se case con Alfonso por mucho osito de Tous que me ponga yo en el moño». A lo que iba, que cuando una está con los chakras abiertos, el mundo rosa adquiere la perspectiva de la que ve turbio y está patas p’al hombro. O sea, oblicua. La amante de Amador, por ejemplo, esa señora que, la pobre, se apellida Cuello cuando no tiene, es poesía.

Poesía de un amor imposible y roto. O no. A mí eso me la sopla. Lo que digo es que con esa melena rubia de rizo de rulo y redecilla, joyas de Bijou Brigitte y vozarrón de ponerse de Ducados mentolaos y palomitas de Chinchón hasta las pencas, ella cuenta que ha tenido a Amador vengándose en ella hasta que sólo quedaba su piel y sus huesos bajo la luna de Chipiona, mientras que Rosa Benito mudaba la suya y se convertía en cisne bajo la de Honduras.

Con esos mimbres te hacía un drama vital Tennessee Williams. Yo mezclaba esa historia con la de una ex vedette ultrajada por un marido croata y un magnate de las networks que cae en los brazos de un alemán riquísimo que la recluye en una isla y esa isla se convierte en Sodoma y Gomera mientras David Meca la rodea a braza un fin de semana de agosto y consigo un best seller que se caga la perra.

A lo mejor, Norma Duval me demandaría por contar lo que ocurrió ayer en la costa ibicenca pero, con no titular Tagomago, gano seguro. La vida es así de cruel y paradójica. Sólo hay que pillarle el punto. Mira a Tita, que llama a su casa Villa Tarzana por su pasado con ídem Baxter. Lo confesó en Lecturas entre tartas sacher y Tang tropical, y también que se siente muy Marco Polo porque combina Murano con tallarines yakisoba.

Yo combino Lladró con whoppers, que es más Hustler, pero igual de viajado. Y hablando de viajes, ¿no habrá terminado Doña Letizia loca con tanta regata y tanto niño? Soy yo ella y veo aparecer a Doña Cristina con esa horda de niños, todos con esa severidad rollo Niños del Maíz, y ya me puede morrear el Príncipe Felipe, que yo el cuajo ya lo tengo al cortado. Y qué eternidad la de la Copa del Rey. Prefiero el secano. Mentira, pero cuando a una no la invitan, actúa como la zorra y las uvas. O simplemente, como una zorra.

Sodoma, Gomorra y los famosos

Froilán es clavado al abuelo

Ya se ha publicado el primer retrato del nieto del Rey. Juan Froilán de Todos los Santos ha salido en la prensa española, retrato por un pintor famoso, montadito en su caballo. Y es prudente que la Casa Real se preocupe de estas cosas, garantizado que, dentro de cien años, ese retrato esté en el Prado y salga en las Historias de España por fascículos. Las generaciones futuras comentarán lo mono que estaba el chaval, igual que nosotros hemos conocido a Carlos III o a Fernando VII en las estampas de los libros.

Y es que, ¡hay que ver la afición que esta gente de sangre azul ha tenido siempre a retratarse! En un plis-plas, cuando se veían guapos y favorecidos, llamaban a Goya. Se ponían de tiros largos, se ceñían las bandas, se colgaban las medallas, sacaban los perros y formaban delante de alguna cortina. ¡Hala! ¡Toda la familia, a hacerse un retrato en grupo! Luego no los ponían en un álbum. Los colgaban en las paredes y los enseñaban a las visitas. ¡Mira la Infanta, que mona estaba el día que se rindió Breda! El traje lo estrenaba ese día.

Había que ver a Velázquez, llegando a Palacio con el lienzo para pintar «Las Meninas». Después de arrastrarlo por las calles de Madrid, que no le llegaban los brazos. Con los bolsillos llenos de pinceles. «¡Paso, que mancho! Que me esperan en Palacio, para retratar a las Meninas». Y, mientras, aquellas, allí plantadas. Esperándole, aguantando la postura y con el perro tumbado a un lado.

Pero lo difícil era retratar batallas, que incluso les tocaba contratar extras, porque no era cuestión que los ejércitos perdieran media jornada posando. O cuando se empeñaban en salir encima del caballo, que también eso les gustaba un rato largo. Porque no sirve cualquier caballo. Hace falta uno que sepa aguantar la patita levantada mientras Velázquez remataba la faena.

Ahora, que se ve que a los santos les pasaba lo mismo. En cuanto notaban que el cuerpo les pedía hacer algún milagro, llamaban a Zurbarán. El clero tenía más confianza en Zurbarán, que sabía un rato de sotanas, el tío. ¡Las hacía muy lucidas! Con sus pliegues, con sus caídas… Santos serían, pero les entusiasmaba salir guapos y resplandecientes. Total para nada.

Para luego meterlos en aquellas iglesias oscuras, llenas de incienso, con el predicador del turno subido al púlpito, cabreado como una mona y amenazando a la feligresía con la condenación eterna. Aunque también en esto se han hecho chapuzas, porque tengo vistos cuadros representando el Juicio Final en los que el infierno parece sacado de la barraca del Tren de la Bruja.

Froilán es clavado al abuelo

Lina Morgan trabajadora y solitaria

El próximo 20 de marzo Lina Morgan cumplirá 75 años. Si no se ha ido de viaje, una de las aficiones que ahora que tiene tiempo libre más le gusta practicar, lo celebrará en la intimidad de su amplio y barroco piso junto a El Retiro. La misma casa que compartió con sus padres mientras vivían, su idolatrado hermano José Luis y en la que ya sólo queda Julia, su hermana mayor, a la que sigue mimando todo lo que puede para resarcirla de aquella infancia pobre en la que tenían «escasez de todo menos de cariño».

Posiblemente, recibirá la llamada de amigas como Amparo Rivelles, con la que habla prácticamente cada semana, o de Raphael. Si se encuentran animadas, las hermanas López Segovia llamarán al chófer para que les acerque a comer en uno de los reservados de Casa Domingo, en la calle Alcalá, o quizás a Casa Lucio o al Schotis, dos de sus restaurantes favoritos de la Cava Baja, pero que en los últimos tiempos ha dejado de frecuentar. « Ahora, hace mucho tiempo que no salgo, porque en cuanto te ven, los periodistas van a preguntarte cualquier cosa.

Procuro ir a los sitios que no tengo más remedio y a los que me apetece», confesaba Lina, esquiva. Su mala relación con la prensa ha hecho que no conceda entrevistas desde hace más de dos años. «¿ Que tengomala leche? Pues sí. ¿ Que algunas preguntas me joroban? También. Pero no soy mala gente. Creo que a nadie tiene que importarle lo que hago después del trabajo», explicaba. De vez en cuando, se la puede ver envuelta en sus impresionantes abrigos de piel en actos benéficos u homenajes a compañeros de profesión.

El dibujo animado de Disney, tal y como la definió Haro Tecglen, que congregaba audiencias de 16 millones de espectadores en Nochevieja (por algo dijeron de ella que era un fenómeno sociológico) parece haberse convertido en un reflejo castizo de la Norma Desmond de El crepúsculo de los Dioses, confinada en su lujosa torre y recordando tiempos mejores. « No es eso. Ella mantiene el sentido del humor y sale cuando quiere, pero es muy celosa de su vida personal porque le han hecho mucho daño», explica un amigo de la artista.

El pasado jueves su público pudo volver a verla en una pequeña intervención en la gala de Reyes que producía José Luis Moreno para TVE. Él ha sido el único empresario que ha logrado sacarla de su retiro en los últimos años gracias a pequeños papeles en series como A tortas con la vida o Escenas de matrimonio. Incursiones anodinas para una mujer que con Hostal Royal Manzanares hacía picos de audiencia demás de ocho millones de espectadores. Hoy en día, una serie puntera como Águila roja apenas supera los cinco millones.

Puede que las audiencias de sus últimos proyectos no fueran tan boyantes como las de su época dorada (sonoro fue su enfado cuando TVE decidió programar su serie ¿ Se puede? en verano y a partir de las 11 de la noche), pero lo cierto es que, si quisiera volver mañana al teatro, no habría dinero para pagar su caché. « Es que una figura de su talla tendría que ir a porcentaje de taquilla. Nadie ha llenado el patio de butacas como ella», explica el empresario escénico Jesús Cimarro, de Pentación.

Fue él quien gestionó el pasado verano la compra del Teatro La Latina, el templo de la revista que Lina Morgan había comprado a plazos durante 11 años de funciones dobles. Para convencerla tuvo que invitarla a más de 50 cenas durante casi dos años. « La Latina ha sido el sueño de su vida, su mayor logro. Fue muy difícil conseguir que se desprendiese de él porque tenía mucho valor sentimental para ella. Además, había ofertas de constructores que le hubieran dado más dinero para luego hacer pisos, pero ella ama el teatro y quería que La Latina mantuviera su actividad».

En un principio, la vedette llegó a pedir nueve millones de euros, pero finalmente se conformó con siete millones y medio. Lo que le convenció de la oferta de Cimarro fue que se comprometieron a reservarle su palco (el que está a la derecha del escenario) y que podría conservar el despacho que utilizaba su hermano José Luis, fallecido en 1996 a causa de una hepatitis mal curada. Un duro golpe que aún hoy le pesa. « Era mi hijo, mi padre, casi mi novio, era la mano en la espalda para que yo no tropezara», confesaba la actriz años después de su muerte. Juntos pusieron en marcha revistas míticas como Sí al amor o Vaya par de gemelas, que duraban hasta tres años en cartel con colas kilométricas. Quizás por ello, Aznar le confesó que le gustaría tener su poder de convocatoria.

« Un día a la semana Lina recibía a sus admiradores y la gente le llevaba todo tipo de regalos. Muchas flores y productos típicos de la tierra, como quesos. Ella tenía a la vuelta de la esquina una furgoneta para cargarla con los regalos y llevarlos a los hospitales», relata un empleado de aquella época. En los almacenes de La Latina aún se encuentra, testigo de esos años dorados, el vestuario que la artista lució en sus revistas. Un delirio de lentejuelas que podría terminar en el Museo Nacional del Teatro de Almagro con ocasión del 75 cumpleaños de la artista.

« Voy a hablar con el ministro de Cultura para que tenga allí una sala única, que bien se lo merece», prosigue Cimarro. Él es uno de los productores que la siguen tentando para que reaparezca en escena. Su representante asegura que sigue recibiendo muchas ofertas. « Ella no se ha retirado. Quien te diga eso miente. Sigue viendo proyectos, pero aún no hay uno que le haya convencido», explica a la par que desmiente que tenga problemas de salud. Sus articulaciones de goma han sufrido mucho, pero se mantiene en forma.

La propia actriz calienta las expectativas de su público y en los últimos años ha anunciado varias veces su regreso a las tablas con diferentes proyectos. Pero lo cierto es que desde que en 1994 se bajara el telón de la útima función de Celeste no es un color no ha vuelto a pisar un escenario. « Quizás está rodeada de gente que no la hace ningún bien porque la sobreprotegen», desliza un amigo. Quien más cerca estuvo de lograr esta sonada reaparción fue Juan Carlos Pérez de la Fuente que, en 2002, durante su dirección del Centro Dramático Nacional, anunció un monólogo de Lina Morgan interpretando fragmentos de Madre Coraje, Bodas de sangre y poesías de Garcilaso o Cernuda.

El director escénico recuerda vibrante aquella experiencia frustrada. « Llegamos a ensayar durante tres días pero le pudo la presión, creyó que el María Guerrero le venía grande. Lina es la heroína elegida del pueblo, pero la crítica nunca ha llegado a reconocerla comomerece. Fue una lástima porque en ella hay una gran trágica y hubiera estado fantástica. Yo sigo queriendo hacerlo, ojalá algún día ella acceda porque lleva el teatro en la sangre». Paradójicamente, sangre, sudor y lágrimas es lo que hay detrás de una carrera en la que ella se ha dedicado a hacer reír.

« Lina ha hecho burradas como pisar un clavo de una madera suelta de un escenario y salir a bailar sangrando», recuerda Joaquín Kremel, su galán en Hostal Royal Manzanares. Ni siquiera el día que murió su padre suspendió la doble sesión de aquella jornada: « Mañana habrá que tragarse el dolor igual», le dijo a su hermano. «HE QUERIDO» Esta obsesión por su trabajo es uno de los rasgos más definitorios de su carácter, según recuerda Kremel. « Ella se crecía con su público, que la adoraba. Aquello era como una fiesta, pero había muchísimo trabajo detrás.

Curiosamente, en escena teníamos una química feroz, pero fuera del rodaje no llegamos a intimar». Es una observación que repiten algunos de sus ex compañeros. A pesar de ese personaje tierno y patoso que Morgan ha convertido en un icono, ella no es una mujer accesible y graciosa en su vida cotidiana. « Soy la tía más sosa que se pueda imaginar. No sé contar un chiste», decía. Su obsesión ha sido siempre el trabajo. Lo cual tiene su contrapartida: « Teniéndolo todo, ¿ha sido completamente feliz Lina Morgan? No sabría decírtelo», se pregunta un amigo de la actriz.

Ella habla a veces de novios pasados entre sus íntimos. Se especuló sobre un pretendiente casado e incluso de un supuesto lesbianismo, pero es un secreto que guarda con celo. « He querido y me han querido». Es lo más que ha llegado a decir al respecto. Al menos, sabe que hay un cariño que nunca le faltará. El de un público al que Lina nunca ha dejado de agradecerle su fidelidada. Ya saben, « Agradeciiiida y emociiiionada…».

Lina Morgan trabajadora y solitaria